El agua y la luz

Primero, la noticia positiva. A la «chita callando», los responsables del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente han ido sacando adelante los planes de las distintas cuencas hidrográficas. Aunque no todos están aprobados de forma definitiva por el Consejo de Ministros, sí que han salido ya todos a información pública. El último ha sido el de la Cuenca del Júcar, una de las más polémicas. Aunque se trata de un asunto de una gran complejidad política y económica, con importantes repercusiones sociales por el componente irracional que rodea al agua, el proceso ha ido bastante bien y, al final, se ha conseguido un grado de consenso muy elevado. Además, las negociaciones se han llevado sin que saltarán a las primeras páginas de periódicos y medios de información, lo que ha dado más tranquilidad. También ha ayudado el que en los últimos meses las lluvias hayan sido abundantes y las reservas de los pantanos estén muy altas. Se ha comenzado a despejar una de las principales incógnitas que tenían los regantes. Sin embargo, éstos, y llega la mala noticia, van a tener que hacer frente a una importante subida de sus costes tras la reforma eléctrica aprobada por el Gobierno semanas atrás. Desde la Federación de Comunidades de Regantes (FENACORE), calculan un sobrecoste anual de 100 millones de euros. Dicen que la factura de la luz pasará a representar el 41% de los costes de las citadas comunidades, un 6% más que antes de la reforma. Éste será uno de los temas polémicos del inicio del curso de la política agraria.