El camino de San Jerónimo

La Razón
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En el Grupo Popular había más que suficientes «liebres» para lanzar al descarte antes de plantear a los negociadores de Ciudadanos el nombre clave, Ana Pastor, que sí tuvo el beneplácito del partido de Rivera, y presidirá el Congreso. Jugada redonda para un Mariano Rajoy que podrá permanecer en La Moncloa con la tranquilidad de su «alter ego» ideal nada menos que como máximo árbitro del Poder Legislativo. Pero lo vivido en las Cortes tiene más recorrido. El acuerdo entre Ciudadanos y PP no se queda en la carrera de San Jerónimo. Subyace la recomposición lenta y discreta del entendimiento entre Rajoy y Rivera, proporcional a la oxidación de los hasta antes de ayer sólidos puentes del líder de Ciudadanos con el socialista Pedro Sánchez. La gran cuestión ahora es saber hasta dónde habrá que llegar y durante cuánto tiempo para concretar algo tan de pura lógica como el «sí» de Ciudadanos a una investidura de Rajoy, un «sí» que en la actual tesitura le supondría al partido de Rivera de todo menos bajar sus expectativas ante una opinión pública y un electorado que siempre entenderá que hacer oposición constructiva no está reñido con poder brindarnos un gobierno.

La composición de la Mesa y la elección de Ana Pastor como presidenta del Congreso sustituyendo a un Patxi López, que quedará como el más efímero en el cargo para nuestra historia reciente, supone toda una referencia para lo que viviremos en los próximos días. Ana Pastor, que lo ha sido prácticamente todo en política desde sus primeros pasos en la delegación pontevedresa de la Consellería de Sanidad, encarna en su figura –y lo comprobaremos a la hora de ver los nombres y apellidos del próximo gobierno– todo un aviso a navegantes por si a alguien le cabe alguna duda de que la renovación, no tanto en nuevos perfiles como en distintos talantes, va a recorrer de lado a lado el ecuador y los meridianos del Ejecutivo que debe salir en próximas fechas, a ser posible preparado para afrontar el primer gran Rubicón de los Presupuestos Generales.

La patata que se han venido pasando Sánchez y Rivera está cada día menos caliente. No es casual que el primer secretario socialista haya insistido en que el debate de investidura debería arrancar el 2 de agosto, al mismo tiempo que recuerda el «no» acordado en principio por el PSOE; con ese recordatorio, es él quien le devuelve la presión a un Rivera de momento sólo instalado en la vía de la abstención: si no te retratas con un «sí» que sume 170 incontestables apoyos, yo seguiré instalado en el «no». Otra vez el tacticismo, aunque ahora mucho menos defendible. La próxima semana será clave, sobre todo en torno a los contactos del Rey con los partidos. Tal vez por ello sería bueno que esta vez no se vuelva a caer en la tentación desde ámbitos muy concretos de involucrarle en lodazales que nada tienen que ver con el muy claro y definido papel de la Jefatura del Estado.