El corsé masculino

La Razón
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No me gustaría llevarlo. De verdad, no me gustaría. Y siento cierta compasión por los hombres que han tenido, y aún tienen, que sufrir esta cultura patriarcal donde se les pide llevar ese corsé apretado y tortuoso. Porque tener que ser duro, poderoso, frío, mental, agresivo..., es una auténtica canallada. Porque, estoy convencida, la mayoría de los hombres no son así; como la mayoría de las mujeres no somos lo contrario. Pero el patriarcado es eso, un modo de relaciones sociales y de producción que divide a la especie humana en dos grandes grupos, siendo el masculino el dominante y poderoso y el femenino, el sometido y cosificado. Esta forma de relacionarse hombres y mujeres ha funcionado durante siglos malamente. Injustamente. Y va evolucionando, sí, pero tan despacio que aún hoy la seguimos padeciendo todos de manera penosa. Ya sabemos lo que significa para nosotras, pero nosotras llevamos años luchando contra este sometimiento nefasto. Ellos no, ellos han creído que los privilegios de este sistema les merecían la pena y se han quedado quietecitos disfrutándolos. Ellos no se han dado cuenta de que las relaciones amorosas igualitarias y fraternales son, sin duda, mucho mas gratificantes para ambos sexos. Que liberarse de ser el “macho alfa”, y poder ser genuino, es algo maravilloso. Somos todos únicos y aunque la socialización nos marque fuertemente, la vida nos permite renacernos, transformarnos, repensarnos y hasta decidir el camino a seguir. Es complicado, sin duda, pero fascinante y posible. Y da un sentido a la propia existencia. Desde hace unos años algunos hombres están tomando conciencia de su situación y han decidido combatir el machismo comenzando por su cambio interior. Desde aquí mi admiración. Les aseguro que nosotras les esperamos a todos con los brazos abiertos.

Paloma Pedrero