El día D

El socialismo catalán ha pasado su propio Rubicón. La pregunta es si hay vuelta atrás o la ruptura es definitiva. En caliente, la tensión es palpable. La mayoría considera que la minoría no ha respetado la democracia interna. Que han dado un soplo de aire fresco a Mas. Que han caído en la trampa de los nacionalistas que se han lavado la cara del fracaso con las tensiones en el PSC. Que han dado carta de autenticidad al camino hacía la independencia. La minoría se considera maltratada. Situada al margen de las decisiones. De hecho, se consideran casi expulsados del partido.

Con esta situación, los socialistas afrontan hoy una importante reunión de la ejecutiva. Saben que están condenados a entenderse si no quieren convertirse en el furgón de cola de la política catalana. Y, por ende, de la española. Saben que su división sólo beneficia a sus adversarios. El problema es que la cuerda se ha tensionado sobremanera en las últimas semanas. Los puentes no están rotos, pero casi.

Sin embargo, después de la tormenta suele venir la calma. CiU ha dado muestras que es posible bordear el precipicio sin llegar a caerse. Lo han hecho en más de una ocasión. Esta semana ha sido la última vez. El PSC debe retomar el debate de forma sosegada, en frío porque «la derrota tiene algo positivo, nunca es definitiva», como dijo José Saramago. Los socialistas están en su momento más bajo. Está en sus manos no caer todavía más. Hoy es su día D.

La situación política catalana está enconada en dos bandos. Intentar estar en ambos es prácticamente imposible. Los socialistas han cerrado su estrategia. No están por la independencia, apuestan por una reforma constitucional federal y quieren que la consulta sea legal, no una «costillada dominical» como apuntan los planes de Esquerra seguidos por una mansa CiU. Lo curioso es que los dos sectores enfrentados suscriben estos postulados. Les separa únicamente la táctica a seguir y seguramente les falta diálogo.

Hoy, el PSC tiene la oportunidad de hacer borrón y cuenta nueva, desandando el camino de la discrepancia. Primero, limando asperezas y afrontando de cara los problemas. Sino lo hacen solamente cabrá esperar que los problemas se enquisten y las relaciones se pudran. Sólo así podrán volver a resurgir. Algunos piensan que en la política catalana está todo el pescado vendido. Se equivoca. Vuelvo a Saramago, «la victoria tiene algo negativo jamás es definitiva».