El Disneyland socialista

Descacharrante, sectaria, ridícula, improcedente. Y sobre todo una iniciativa que revela la colosal hipocresía de los socialistas. Hace cuatro días decían de forma canallesca y vergonzante que era una tontería despilfarrar el dinero buscando los huesos de la pobre Marta del Castillo. Pero ahora resulta que desenterrar los restos o lo que quede de Franco es una operación de un coste asumible. ¡¿Estamos locos?! No. Simplemente los correligionarios del puño y la rosa revelan que les preocupan más los muertos que los vivos. ¡Y así les va!

No nos engañemos. Aquella estrambótica Ley de Memoria Histórica no fue una ocurrencia aislada ni una iniciativa personal del ingenuo Zapatero. Era la representación y el símbolo de hacer política de un socialismo retrógrado, cavernícola, obstinado en cavar trincheras y en crear en pleno siglo XXI distancias y división inexistente entre españoles. Por una sencilla razón: porque los que hoy están detrás de Rubalcaba –unos para empujarle, otros para ponerle zancadillas– no respetan en toda su extensión, con su completo significado lo que fue la obra de la Transición. O peor: la respetan para lo que les interesa. Es así. Es obsesivo. Y no van a parar hasta que logren convertir el Valle de los Caídos en un parque de atracciones hacia el que lleguen los turistas –estilo Schwarzenegger hace unos días– y se enteren con pelos y señales de quiénes eran los buenos y quiénes los malos, y por qué. Honradamente, no estamos aquí ante un ejercicio simple y directo de malversar los euros del contribuyente, sino además para perder el tiempo. Si los socialistas quieren disfrutar de su propio Disneyland histórico, que se lo monten. A su gusto. Y que lo paguen con su cartera. ¡Sólo faltaba!