El «dramabús»

La Razón
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Hace mucho que en este país se confunde la velocidad con el tocino y la libertad con hacer lo que a uno le da la gana, pero si hablamos de la libertad de expresión, ese derecho que es la prueba del algodón para cualquier democracia que se precie, el desmadre ya es de libro. Ahora resulta que algunos de quienes criticaron, no sin razón, la desafortunada campaña de Hazte Oír por atentar contra la dignidad de los transexuales, se dedican a pasear en un autobús con los retratos de quienes ellos consideran urdidores de una trama política y económica.

El autobús, cuyo coste se supone que deben sufragar los diputados de Iglesias con lo que les sobra después de quedarse con el equivalente a los tres salarios mensuales que dijeron que cobraría cada uno de ellos, es un ejemplo de ingenio político a la par que un dechado de tolerancia, sobre todo considerando que entre los retratados hay una estupenda mezcolanza entre imputados, ex presidentes del Gobierno– casualmente los más críticos con el régimen de Maduro– y políticos en activo que no tienen ninguna cita pendiente en los juzgados.

Dice Irene Montero que la clave para desenmascarar «la trama que conforman las relaciones entre las élites políticas y empresariales» está en poner nombres y apellidos a quienes llevan manejando los hilos del poder durante tantos años en nuestro país. El problema es que a la hora de la verdad no se han atrevido a tanto y se han conformado con exhibir unas cuantas caricaturas para goce y disfrute de los artistas del meme que se lo están pasando pipa a cuenta de esta chapuza estratégica memorable en la que han estado paseando Iglesias y Montero en carne mortal como reconociéndose (¡oh, cielos! ) parte del asunto.