Política

El gallinero

Ni es una casualidad, ni una anécdota, ni un caso que deba circunscribirse a un comportamiento de un partido en una Comunidad Autónoma. Y, evidentemente, no estamos ante una simple rebelión a bordo que se le plantea al secretario general de una formación política. Nos situamos, por el contrario, ante la constatación de dos realidades demoledoras y penosas.

La primera, que el actual líder del PSOE es cualquier cosa menos eso, un líder. Rubalcaba vuelve a probar que carece de autoridad, de mando y control. En efecto, sus correligionarios van cada uno a su bola: con su agenda propia, sus objetivos, sus intereses, sus prioridades, sus tiempos, sus tácticas. Tienen mensajes que pueden propalar y propalan en cualquier dirección, y caminos que pueden recorrer y recorren sin dar explicaciones a nadie, sin responder al más elemental principio de jerarquía, a una estrategia conjunta, homogénea, cabal. ¡Viva el desmadre! ¡Arriba el gallinero! La segunda realidad, contundente y lamentable, es que los socialistas no saben qué hacer con España. Han mareado la perdiz en su relación con los testaferros de ETA que se disfrazan bajo la marca Bildu. Han intentado agarrar por las solapas a Barcina so capa de repudiar la más escandalosa de las corrupciones (¡así se las gastan los de los ERE falsos! ¡Qué cara!). Han contribuido a generar un foco de inestabilidad brutal ahora que los terroristas del falso desarme vuelven a poner a Navarra en la Diana (¿o han dejado de hacerlo en algún momento?).

Esto no es serio. Vale que Rubalcaba pinte lo mismo al frente de la nave de Ferraz que la Tomasa en los títeres. Es patético que esta incapacidad de gestión y este ridículo se trasladen a las instituciones y a los ciudadanos. Patético y tóxico.