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El gran espía

Tiempo de lectura 2 min.

05 de agosto de 2016. 21:41h

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César Lumbreras 5/8/2016

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Hemos entrado de lleno en pleno «ferragosto» o cierre por vacaciones. Incluso en lo político, este año de tanta actualidad. Será bueno prestar atención a otros asuntos. Por ejemplo a Internet. Hace treinta años una columna como ésta se escribía a máquina o en ordenador prehistórico y después pasaba por la impresora. Una vez que estaba negro sobre blanco existían tres posibilidades: la primera, que se hubiese escrito en la misma sede del periódico; la segunda, era enviarla a esta última mediante un motorista o llevarla en mano y, la tercera, dictarla al benemérito equipo de taquígrafos y mecanógrafas que había en los diarios. Hoy, con lo de Internet, los correos electrónicos, las redes sociales y las nuevas tecnologías en sentido amplio, podemos estar en la otra punta del planeta que, si tienes conexión a la red, pulsas una tecla y se manda al destinatario en un «pis pas». Es una de las ventajas que nos han traído estos avances. Sin embargo, no es oro todo lo que reluce en este mundo, porque también hay peligros y amenazas, especialmente a nuestra privacidad. Cada vez que quiero saber algo sobre este mundo recurro a Pablo Fernández Burgueño, abogado de Abanlex, bufete especializado en la materia, que ganó hace un par de años a Google en el Tribunal de Justicia de la UE el derecho al olvido. Algunas de las cosas que me cuenta ponen los pelos de punta. Por ejemplo, me decía que los bancos, empresas de transporte, o de distribución, entre otras, saben que has visitado su página, aunque no te identifiques y, así, cuando un usuario entra en su web, esta última analiza su navegador, lo estudia, extrae datos, se los envía a empresas de marketing y éstas comparan esa información con otras vinculadas a correos electrónicos concretos. Resultado, que al final saben de tus gustos, aficiones y necesidades, por lo que te pueden enviar publicidad muy directa. Ahí está la explicación a muchos de los correos con ofertas que recibimos un día sí y otro también. Nos tienen radiografiados hasta el milímetro. (Seguirá).

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