El misterio federalista

La Razón
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Por más que lo intento, nadie da razón de cómo es el federalismo propugnado por Pedro Sánchez en su nueva Constitución. Nadie lo sabe porque él mismo desconoce qué cuestiones relevantes se verían afectadas. Se limita a propugnar el federalismo como solución a uno de los puntos más actuales, las relaciones del Estado con Cataluña. Sin ir más lejos, ayer basó su defensa de la unidad de España en la «evolución en un sentido federal». ¡Toma del frasco, Carrasco! Eso después de que el martes proclamara como solución al pretendido golpe de Estado de algunos partidos catalanes: «Ley, política y diálogo». ¡Más del frasco, Carrasco!

Lo de la Ley es una obviedad en un Estado de Derecho. ¿O pretende hacer otra sólo para Cataluña? Respecto a la política, ¿cuál? ¿La de Maragall, que dio alas al secesionismo? ¿La de Montilla, que catapultó a ERC? O ¿la de Chacón, a la que envió cuanto más lejos posible de las cuestiones españolas?

Finalmente, el diálogo. ¿Dialogar el qué con alguien que se limita a que le aceptes su plan separatista, se lo ordenes, se lo financies y, como colofón, se lo legitimes a nivel internacional? Sánchez debería saber que son Artur Mas y sus cohortes los que se niegan al diálogo si, de entrada, no se satisfacen todos sus deseos.

¿Acaso el líder socialista pretende el sistema de financiación autonómica concediendo el pacto fiscal a Cataluña? ¿Sabe la disposición del resto de autonomías, incluidas las gobernadas por los socialistas? Que se lo pregunte a la andaluza Susana Díaz, al extremeño Fernández Vara, al manchego González-Page e incluso al valenciano Ximo Puig a pesar de ser preso de su propio gen y de la coalición con el nacionalismo pancatanalista. Ni él sabe lo que quiere. Así es la vida.