El Mozo

En Ruiloba, mi paraíso de La Montaña, se celebra todos los años, cuando septiembre llega, la fiesta del «Mozuco». Una hermandad de historia, fe y leyenda entre Ruiloba y la vecina Udías, en una de cuyas brañas se supera la imaginación y el bullicio. Es tiempo de melancolías, de final de verano, de retorno inmediato a Madrid, pero los naturales de aquel rincón prodigioso no vuelven, se quedan, y disfrutan con su maravilla.

En Barcelona terminan de nombrar a Pilar Rahola «Mosso de l´any», que según mi traductor particular del catalán al español –o castellano, según Cobarruvias– significa «Mozo del año». Cela, que algo sabía de esto, afirmaba con contundencia que el idioma es el español, y que el castellano no es otra cosa que el bellísimo español que se habla en Castilla. Fuera de nuestras fronteras nadie dice que habla castellano, sino español, que es mucho más sencillo. La complicación es creación nuestra, de los españoles.

La distinción a Pilar Rahola, a la que conocí morena hace lustros y hoy se nos presenta rubia platino pero igualmente deslenguada, se la han concedido los «Mossos d´Esquadra», es decir, los Mozos de Escuadra, la policía autonómica de Cataluña. Le han otorgado tan apreciable título honorífico a Pilar Rahola «por su defensa del Cuerpo Policial de los Mozos de Escuadra en sus comparecencias públicas», que en el caso de la señora Rahola son innumerables. Y superó en los votos a dos grandes personalidades de la cultura de Cataluña, el escritor Andreu Martín y el historiador Joan B. Culla, de cuya existencia termino de enterarme. Con toda probabilidad, brillantes columnistas y opinantes de «La Vanguardia» de Javier Godó, que ha entregado este año un premio más liviano en su torneo de tenis, por cuanto el japonés que lo conquistó lo alzó con gran facilidad sobre su cabeza, gesto no acostumbrado con la antigua copa de plata de ley.

Me atrevo a sugerir a los Mozos de Escuadra que el año próximo, «El Mozo de Honor» sea el nipón vencedor de esta última edición del Godó, porque levantar esa copa es prueba irrefutable de sano mozancón. Es decir, que puestos a figurar situaciones adversas y nada agradables, le pondría de media bofetada mirando a Cádiz al «Mozo del Año» Pilar Rahola.

Mi traductor del catalán al español me indica que si una mujer es designada «Mosso de l´any» por los Mozos de Escuadra, lo correcto hubiera sido nombrarla «Mossa de l´any». Y creo que tiene mucha razón el traductor, amabilísimo por cierto y muy amante de Cataluña y sus prodigiosos paisajes. Me pongo en situación y entiendo el rompecabezas. Una mujer, por mucho que lo pretenda, jamás será «Mosso» si previamente no pasa por una intervención quirúrgica tan complicada como dolorosa, la cual no ha sido acometida por la señora Rahola. De la misma forma que para mí, humilde servidor de ustedes, sería harto complicado aceptar el nombramiento de «Mujer del año», –que por si acaso agradezco sinceramente–, por cuanto a mi familia y amigos les resultaría acentuadamente chocante. Cuando alguien es nombrado «Mozo del año», lo primero que tiene que demostrar es que lo merece como tal mozo. Un hipopótamo indagaría a su manera si supiera que había sido honrado con el título de «jirafa del año», y el ejemplo sirve igualmente al revés. Pienso en la esbelta jirafa momentos antes de recibir, da igual el río, el premio «Hipopótamo del Año», y la sensibilidad se me agrieta.

Para mí, que esta distinción va con segundas intenciones. Y tampoco es cosa de hacer daño acudiendo por atún para ver al duque. Enhorabuena al mozo.