«El negro» de la Trump

La Razón
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En el mundo literario, el «negro» es el escritor en la sombra, el que escribe para otro, que es el que firma. El «negro» no trabaja de gorra. Cobra al defraudador literario que contrata sus servicios. El último escándalo lo protagonizó un «negro» indolente, al que Ana Rosa Quintana le encomendó que escribiera en su nombre una novela que, previamente a la contratación con la empresa editora, había sido premiada. El «negro» de Ana Rosa plagió de otra novela decenas de páginas, y la periodista quedó muy mal. Cuando un escritor que no escribe le encarga el trabajo a un escritor que escribe desde la sombra, la lealtad entre uno y otro la establece el cheque bancario. Si es generoso, el «negro» se afana en su labor. Si la cifra es menguada, el «negro» procede a la venganza y deja en ridículo a quien se presenta ante los lectores como el autor que no es. Hay «negros» en todas las empresas editoras, que se encargan de escribir las «memorias» de los pedorros y pedorras que habitan en los platós de los programas de televisión dedicados a la gastroenteritis rosa del chisme innecesario.

Un «negro» famoso y vengativo fue el escritor Manuel Martínez Remis, que le escribía los artículos de ABC a Julia Maura. Doña Julia imponía con su apellido y en ABC se los publicaban en sus insuperables «Terceras». Era director del diario liberal y monárquico Luis Calvo, un personaje genial, listo, culto, botellín, y con descomunal talento. Doña Julia envió su artículo, y Luis Calvo al leerlo, creyó haberlo disfrutado previamente. Buscó y halló la fuente. Lo que firmaba doña Julia lo había escrito con más de un siglo de antelación Oscar Wilde. Y Luis Calvo dividió la «Tercera» en dos columnas, que fueron tituladas de esta guisa: «Lo que escribió Oscar Wilde» y «Lo que escribe Julia Maura». El texto era idéntico, y doña Julia dejó de escribir para siempre. El poeta satírico Juan Pérez Creus dedicó al suceso un epigrama: «Sacudiéndose la abulia/ sacó su balanza Themis,/ y así sentenció “in extremis”./ Tanto monta doña Julia/ como “Oscar” Martínez Remis». Martínez Remis no se consideraba bien pagado y se la metió doblada a doña Julia, escrito sea en el mejor sentido de la oración.

Algo parecido le ha sucedido a la esposa de Donald Trump, la bella y nada ambiciosa Melania, que se casó con Trump por amor y sin tener en cuenta la fortuna de su chocante esposo. Lo más preocupante del caso es que el «negro» de Melania no ha fusilado un texto de Oscar Wilde para escribir el discurso de la mujer del candidato republicano a la presidencia de los Estados Unidos. Lo ha copiado de un discurso pronunciado por Michelle Obama ocho años atrás. La republicana copiando el discurso de la demócrata, lo cual ha caído en las huestes conservadoras como un zumo de naranja de línea aérea a la hora del desayuno.

Escribió Michelle Obama hace ocho años: «Porque queremos que nuestros hijos, y todos los niños de esta nación, sepan que el único límite a la altura de tus logros es el que alcancen tus sueños y tu determinación por trabajar por ellos». El «negro» de Melania Trump intenta simular el plagio de mala manera, con muy reducido éxito y ha escrito en estos días: «Porque queremos que los niños de esta nación sepan que el único límite para tus logros es la fuerza de tus sueños y tu determinación de trabajar por ellos». Temo, más no por ello tiemblo, que el «negro» de los Trump, en lugar de un hermoso cheque bancario va a recibir un merecido puñetazo en las narices.

La mitad de los asesores políticos que pagamos los españoles son los nuevos «negros» de los discursos y las intervenciones parlamentarias de los ministros y diputados, cuando no senadores y presidentes autonómicos. Carecen de formación literaria. Escriben rollos y tostones. Todo se arreglará cuando alguno de ellos inserte en el discurso de otro: «Como ya dije cuando fui nombrado ministro “que yo me la llevé al río/ creyendo que era mozuela”». Un buen negro traiciona con literatura, no con obviedades. Lo que ha hecho el «negro» de los Trump es poner las cosas en su sitio. «Aquí tienen a esta mema que no lee los discursos de sus adversarios». Y leña al mono.