El paisaje del sosiego

La Razón
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Usted, Presidente Rajoy, merece reencontrarse con el paisaje del sosiego. El que sólo se disfruta fuera de la política. Se ha vencido y derrotado a usted mismo. Aplaudo su valiente oposición al rescate y al nuevo edificio económico que ha levantado sobre las ruinas que nos dejó el socialismo de un necio. Otro peor se avecina. No por mi culpa, señor Rajoy, y sí por la suya. Pero ese edificio representa la macroeconomía, porque la economía de los españoles, de sus familias, del día a día no ha mejorado. Para colmo, como en las viejas películas del Oeste, usted nos ha mandado desde su rancho a un pistolero, Montoro, que ha arruinado a una buena parte de la clase media española. No a la alta, que con esa no se atreve. Lo fácil, el asalto al que trabaja, vive de su trabajo y no puede esconder el beneficio de su rendimiento. Recupere el paisaje del sosiego y reflexione. Usted, con su manera de ser confiada e indolente, ha entregado la confianza de más de diez millones de españoles a los caprichos de un asesor de calamidades que le ha hipotecado la inteligencia. Usted ha traicionado a los héroes que nos defendieron a todos jugándose sus nucas y su libertad contra el terrorismo e hicieron grande al Partido Popular. A Jaime Mayor Oreja, a María San Gil, a José Antonio Ortega Lara, a Santiago Abascal, a Carlos Iturgáiz... Usted fue tardo y débil con la corrupción del Partido Popular. Su reacción en los primeros pasos infectados del «caso Bárcenas» fue lamentable. Usted impuso en Cataluña, Andalucía y el País Vasco a presidentes cercanos al chiste, porque como todo mediocre rodeado de mediocres, no soporta la brillantez en su cercanía. Usted, por no ofender al asesor que le contrató Aznar, mantiene unos peajes personales infumables y ridículos. Usted ha sido pávido en Cataluña, y esa mínima y floja reacción final contra el separatismo no ha ido acompañada de sus competencias políticas, que las tenía con un amplio apoyo parlamentario. Con ese apoyo parlamentario, con una mayoría absoluta democráticamente obtenida, usted no se ha atrevido a nada, siempre acomplejado, distante, cauteloso y callado cumpliendo la obediencia debida a un individuo que ha suplantado en su voluntad a diez millones de ciudadanos. Usted no ha mejorado la Ley Electoral, como había prometido, pero sí ha mantenido la estúpida y sesgada Ley de la Memoria Histórica, que asumió con acuclillada resignación. Usted ha olvidado sus promesas electorales, y después de encargar a su primer ministro de Justicia Alberto Ruiz Gallardón la reforma de la Ley del Aborto, desoyó al ministro y se encomendó a Celia Villalobos, su peaje personal. Usted, que al principio nos engañó con sus silencios y actitudes apáticas que muchos interpretamos como una estrategia inteligente, ha demostrado que su temor y apatía eran consustanciales con su manera de hacer política. Usted fue designado por el dedo de la prepotencia de Aznar, y usted está obligado, por respeto a los más de siete millones de españoles que han vuelto a votar al Partido Popular, a abrir las puertas del futuro y recuperar el paisaje del sosiego. Hay en el PP, al menos, una decena de personas capaces de llevar al partido liberal-conservador hacia la ilusión perdida. No retarde su marcha. Usted, señor Rajoy, está amortizado. El porvenir no admite complejos ni cobardías. Ustedes no son el PP, un grupo de amiguetes que se reparten los cargos a capricho. El Partido Popular es de sus militantes y de sus votantes, y usted ha decepcionado a casi todos ellos. Lo que hoy sucede en España, este circo de mercadeo de escaños y la creación de un posible Gobierno de perdedores sostenido por la traición a España de un resentido que se apoya en el nuevo disfraz del comunismo y el separatismo extremo, es también consecuencia de su política mansa y entregada. El edificio macroeconómico que le ha distraído de hacer también política, va a ser demolido por quienes alcanzarán el poder que usted no supo administrar.

Su sucesor tendrá que recuperar lo que usted y Arriola han entregado a otros creyendo que eran bienes propios. Hágame caso, señor Presidente, y tómese un respiro. Creo sinceramente en su honestidad. Estoy convencido de que usted, a pesar de los insultos del pre-comunista Sánchez – el pre-comunista no es otra cosa que el comunista que no atreve a reconocer que lo es–, no se ha metido un euro sucio en su bolsillo. Pero además de honestidad, la política requiere de otros elementos. Y usted, en la política y en España, ha fracasado.

Abra la puerta, deje paso a quienes lo merecen y recupere el incomparable paisaje del sosiego.