El parque temático del sofá

La Razón
La Razón FOTO: La Razón

Don Juan era de noviembre, ¿no es verdad ángel amor? El mes del sofá, convertido ya en la cola de un cometa que se aleja de la Tierra y de nuestras vidas. Pero hay tradiciones que se mantienen, como la de que los políticos hacen el mayor ridículo cuanto más grande es el desafío al que se enfrentan. No puede explicarse de otra manera la actitud de los que aspiran a gobernar España parapetados en esa idiotez que llaman nueva política. El tuitter de Alberto Garzón con la bandera constitucional tuneada en republicana en su ensoñación de si yo fuera presidente nos habla del infantilismo de una generación narcisista que quiere cambiar el mundo y lo que inventa son Christmas laicos al estilo de los memes que circulan por las redes con lo que uno no sabe si van en serio o es una broma de colegio mayor para delirio de sus fans si es que los tienen de verdad. Sobre el Juan de Mairena de Pablo Iglesias sólo se me ocurre la palabra cursi, como aquellos pósters de «El Principito» que se estilaban en el instituto, trozos de papel con mensaje almibarado para corazones solitarios y que tanto daño hicieron a la obra maestra de Saint Exupery, Machado es el «mainstream» progre que siempre acaba teniendo audiencia, como «Pretty woman» cada vez que la reponen por la tele. Machado es a los poetas lo que al cine Spielberg, un nombre que suena más allá de su talento. Un paradigma del gusto popular por el estribillo. En la hora en la que España se la juega estos alumnos aventajados se ponen a pintar mensajes en el cuarto de baño de Moncloa. Digamos «Aquí estuve yo» para ahorrar otros ejemplos más escatológicos. Como estrategia de campaña electoral, el tiempo nuevo se presenta como un cúmulo de lugares comunes, sonrojante peterpanismo de primero de carrera. He aquí el retrato del buen rollo. Con imágenes así quién necesita debates. Se les llena la boca de la palabra diálogo y cuando le dan la vez sólo aciertan a mascullar frases del actor secundario que nunca conseguirá matar a Bart Simpson. He aquí lo que estos hombres mediáticos harían por España, una serie de delirantes propuestas tan enrevesadas que cuando llegan a la escalera de palacio ya se han consumido en la vela de los fracasos. Dos referendos, una España federal y hasta confederada con un ejército de los clicks de Famobil. Cuando no se sabe lo que hacer con un enfermo siempre hay una consulta popular a mano para decidir si se opera con o sin anestesia y quitarse el muerto de las decisiones de encima. El futuro se decide en un patio de vecinos y a mano alzada. Ha sacado del plasma a Rajoy mientras ellos se meten en el frasco de Aladín, un pozo de deseos para mayor gloria de sus ombligos. Chicos, a mi madre también le gusto cuando salgo por la tele.