El premio

La Razón
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Sucedió hace cinco días en Toledo, en la entrega de los Premios Internacionales de Traducción Rey Abdullah Bin Abdulaziz. Puede que no sepan quién fue el monarca saudí, pero tampoco sabemos quién era la mujer bajo un burka negro, un niqab para ser más exactos, que apareció en el escenario para recoger un premio. Era la única mujer entre 17 galardonados. Sin rostro, sin voz, sin cuerpo. Invisible. Una imagen dantesca y vergonzosa que abochornó tanto que quizá por eso borraron la fotografía de la información oficial.

El presidente de Castilla La Mancha dijo que «España no se entendería sin la presencia árabe». Precioso, pero lo que España no entiende son otras cosas que algunos no ven por la tortícolis aguda provocada al mirar hacia otro lado. Supongo que por presencia árabe no se referiría a la mujer enclaustrada en una tela que tenía a su izquierda. Y digo mujer porque podría ser ella o el hombre más buscado por el FBI, ya que bajo el burka se puede esconder un mundo.

Alguien dijo que el premio fomentaba el diálogo entre la cultura española y la árabe. Monólogo, más bien, porque la mujer no dijo palabra. El burka no es cultura, como tampoco lo es la ablación del clítoris, las lapidaciones públicas o el ahorcamiento de homosexuales. Afónicos estamos de decirlo. Pero la sordera interesada es una epidemia en determinados sectores. Supongo que utilizar el término cultura funciona como eficaz morfina para la conciencia Si la integración es subir al escenario a una mujer con burka en vez de mostrar una forma de vida basada en la libertad y los derechos humanos, vamos abocados al fracaso. Algún lumbrera dirá que fue elección de la mujer aparecer con el niqab. La misma argumentación talibán cuando penaron de muerte a la mujer que saliera de casa sin burka y sin compañía masculina. Decir que lo hacían por voluntad propia es prostituir la realidad. Por cierto, las protestas feministas, como la dignidad de la premiada, brillaron por su ausencia. Luther King ya aventuró el peligro de los silencios cómplices: «Nuestra generación no se lamentará tanto de los crímenes de los perversos como del estremecedor silencio de los bondadosos».