El Príncipe

El sentido común. Me parece que ésta es la cualidad más importante del todavía Príncipe de Asturias y del futuro Rey Felipe VI. Tan sólo he coincidido con él en dos ocasiones. Una de ellas fue una comida a la que asistíamos quince personas. Me llamó la atención la buena información que tenía sobre los asuntos de actualidad en esos momentos como la crisis económica, la Primavera Árabe, que estaba en plena ebullición, y lo que sucedía en Iberoamérica. Pero, sobre todo, lo que me sorprendió fue el sentido común de sus respuestas, cualidad que cada vez echo más en falta con carácter general. No lo tiene fácil, ni mucho menos. Ahí está, por ejemplo, el desafío catalán. Como es lógico, al comienzo de una aventura, su reinado, existen dudas sobre el final de la misma. Es verdad que los problemas son muchos e importantes. Pero también existían a finales de 1975, cuando su padre comenzó a reinar y casi nadie daba un duro por él. Conviene recordar algunos: ETA, que mataba un día sí y otro también; crisis económica galopante como consecuencia de la subida del precio del barril de petróleo; falta de libertades y necesidad de construir un régimen democrático; el PSOE y el Partido Comunista, que no estaban legalizados y pedían la República; ser el heredero de Franco, del que no se fiaban ni los propios franquistas, ni los demócratas; Marruecos invadiendo en esos momentos el Sahara y el aislamiento internacional de España. Pues bien, gracias al nuevo Rey, a una parte de la clase política y, sobre todo, a la sufrida clase media española, que no quería aventuras, aquello se encarriló. Espero que suceda lo mismo ahora, que se imponga el sentido común y que Felipe VI acierte. Por el bien de todos.