El referéndum como vacuna

Bien mirado, que Artur Mas haya convocado un referéndum separatista no es tan malo como parece y tal vez, no tardando mucho, debamos agradecérselo, a su pesar, como un valioso refuerzo de la España constitucional. Del mismo modo que el golpe de Estado del 23-F reaccionó como una vacuna contra las infecciones anti democráticas que todavía acechaban la convivencia y generó unos anticuerpos que han bloqueado hasta hoy la erupción de la extrema derecha, también este segundo golpe al Estado de Derecho cursará como una vacunación general frente a una patología que los nacionalistas simularon benigna durante estos 30 años. Del envite vamos a salir inmunizados todos contra la deslealtad, el chantaje insaciable, el victimismo inextinguible, los papanatas, los tontos útiles y los que han hecho de la equidistancia un negocio lucrativo.

La primera en vacunarse del virus separatista será la propia sociedad catalana. Al despojarse de la máscara con la que ha gobernando tantos años, CiU ha mostrado a los catalanes su verdadero rostro, ante el cual ya no cabe argumentar ignorancia o aducir el beneficio de la duda. Se acabó la viscosa ambigüedad, a la que llamaban oasis, en la que han merodeado los nacionalistas durante décadas a la caza de gangas y privilegios. Una vez hecho oficial el matrimonio morganático entre Mas y Junqueras, desaparece físicamente la frontera entre nacionalismo e independentismo. Tanto monta, monta tanto. A partir de ahí, el ciudadano ha de enfrentarse a la elección primordial entre una Cataluña separada o una España constitucional, ya sin veladuras ni engaños, sin trampa ni cartón, sin gradaciones ni posibilismos. También el PSOE saldrá vacunado de la misma fiebre que durante décadas le ha llevado a delirar con un nacionalismo de baja intensidad. El partido de Rubalcaba acaba de descubrir con gran escándalo que en el garito nacionalista se jugaba a la independencia. Ya era hora. Después de tantos años despistando a la parroquia con el señuelo del federalismo, después de haber cometido la grave irresponsabilidad de impulsar un Estatut inconstitucional y después de haber gobernado incluso con Carod Rovira, es muy de celebrar que los socialistas se hayan caído del caballo espantado por Artur Mas. Sólo por esto, por la recuperación del consenso constitucional entre los dos grandes partidos, puede darse por bien empleado el desafío separatista. En cuanto al resto de los españoles, el síndrome independentista activará su sistema inmunológico por segunda vez en 32 años frente a aventureros y golpistas. Lo que no mata, fortalece.