Política

El silencio de estos «valientes»

Demasiadas reflexiones se me agolpan al leer la campaña iniciada por la Plataforma Mezquita-Catedral de Córdoba, cuyo objetivo es el expolio a la Iglesia Católica. La primera se enmarca en la «valentía» de quienes impulsan el movimiento. Si tan justos pretenden ser, ¿por qué no alzan su voz contra la discriminación de la mujer en el mundo islámico? ¿Por qué no se movilizan para reivindicar la igualdad de los homosexuales y demás en el imperio musulmán? ¿Por qué no se rebelan públicamente contra la justicia y los escarmientos inhumanos en esos regímenes?

Sé que no es una reflexión. Son varias. El escándalo es el silencio de todos estos «superhombres» y «supermujeres» ante numerosas injusticias, de estos que tan sólo se atreven a atacar a quien está dispuesto a poner la otra mejilla, a quien no les va a responder con sus mismas armas. No se concentran para defender la justicia ni la razón, sino para vilipendiar a quien da testimonio de paz y amor. ¡Qué lástima!

Lo digo porque no existe un argumento válido, serio, que justifique semejante cruzada. Menos aún para que la Junta de Andalucía les subvencione. Parece mentira que, a estas alturas, partidos constitucionales, con aspiraciones de estado, se presten a semejantes dinámicas. ¿Cómo es posible ayudar a un movimiento cuyo final, con la colaboración de Al Qaeda, está fijado en la conquista de Al-Andalus. Por más utopía que ello sea, nadie sensato debería estar dispuesto a tan disparatada complicidad.

La Catedral de Córdoba que, por cierto, visité hace tan sólo 15 días, huele a mezquita y, a la vez, a España y a Iglesia. La presidenta andaluza está obligada a suprimir los devaneos con Isabel Romero y su Junta Islámica e Instituto Halal, para echarse en brazos, como ayer se expresaba en LA RAZÓN, de la legalidad, la historia y la tradición, todo lo que sostiene la titularidad católica del templo. Así es la vida.