ERC y la margarita

Oriol Junqueras está deshojando la margarita. ¿Entro en el gobierno? ¿No entro? El líder republicano se sabe fuerte. Su fortaleza radica en que no sufre ningún desgaste. No está en el gobierno y no tiene que probar los brebajes de hieles que tiene que tomar Artur Mas. Le basta con levantar la «estelada» y, hablar de independencia y centrar todo su discurso en el derecho a decidir. Solo tiene que sentarse a esperar para ver como CiU se va cociendo a fuego lento y el «sorpasso» republicano se va consolidando.

Esta actitud empieza a tener contestación en las filas nacionalistas. Dirigentes de CiU cuestionan la estrategia de la federación –de la que hacen responsable a Francesc Homs– que tiene una consecuencia inmediata: la dilapidación del capital político de CiU a favor de ERC. Estos dirigentes consideran que CiU mantiene una posición sumisa ante los republicanos que contestan siempre con desdén a las peticiones de árnica. Los últimos ejemplos, la formación de una candidatura única para las europeas y la entrada en el gobierno. Por eso, Mas ha marcado un tiempo límite: un mes.

En este tiempo, los republicanos tendrán que decidir si comparten sudores y desgaste en la Generalitat y si asumen una candidatura única bajo el mantra del derecho a decidir en las elecciones al Parlamento Europeo.

Esta situación supone un gran desgaste político para CiU. En las encuestas pintan bastos. Y, sobre todo, supone un gran desgaste para el propio presidente Mas. En la entrevista en «La Reppublica» el presidente metía presión. Anunciaba su posible retirada por los sinsabores de la vida política. No dice cuando abandonará, pero amaga con hacerlo, y lo hace blandiendo la «bicha», el adelanto electoral. Junqueras no está por la labor. Se sabe fuerte pero también es consciente que ERC no puede asumir el liderazgo de un gobierno tras las elecciones en el que Mas será su primera baja. En ERC conviven los dos sentimientos. Los que quieren que CiU sigua disolviéndose como un azucarillo y los que abogan por un frente nacional. Junqueras está en tiempo de juego. Si entra en el ejecutivo, ¿Qué carteras tendrá que asumir? ¿Dónde quedará Unió? ¿Y Homs? Quiere consolidar su «sorpasso» y convertirse en el «pal de paller». De las decisiones de hoy dependerá el mañana y no puede permitir que el «paller» se queme. Y menos con él dentro. Por eso, sigue deshojando la margarita.