Europa ha muerto

La Razón
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El sombrajo institucional y un desperdigado sentimiento «europeísta» es lo que va quedando de la Unión. Esto, y unos discursos que dan cauce a las diversas frustraciones con el cuento del refugio en lo propio. El aldeanismo raquítico frente al espacio de encuentro con grandes edificios donde el vacío resuena hasta la hora de cierre, después solo queda el silencio. Esa Europa de los fondos que pagaban nuestras carreteras y tapaban nuestras cunetas, esas vacas que pastaban sobre los prados de billetes, esa sensación de pertenencia, esa ilusión de que los Pirineos eran una llanura emocional que nos llevaba hasta Berlín pasando por París sin tener que subir cuestas. Todos éramos Europa y europeos si nos preguntaban en encuesta y en «sus» elecciones el personal se aliviaba con personajes como Ruiz Mateos. Brexit aparte, el corazón europeo se ha llenado de llamadas de socorro. El domingo Francia puede darnos un susto que tiene diferentes gradaciones. Pueden pasar a la final, segunda vuelta, dos candidatos como Le Pen y Mélenchon que han reventado las costuras del sistema por la derecha y por la izquierda. Entre el infarto y el amago solo está que uno de los dos sea descabalgado. En las últimas horas 25 Nobel de Economía han lanzado un S.O.S. Han ido a «Le Monde» para denunciar los planes de abandono del euro, el proteccionismo o las barreras a la inmigración. Han defendido eso que hemos dado en llamar «los valores europeos». Esos que nuestros vecinos dicen que ahora chocan con «los valores de la República francesa». La campaña ha sido, está siendo, todo lo intensa que cabía esperar con cuatro candidatos en un pañuelo y el histórico Partido Socialista hundido. Filtraciones, mítines impensables, corrupción sin factura en las encuestas, amantes y el calor de sentir que fuera estos comicios son algo más. Son la espoleta. Europa no necesita una explosión. Europa no tiene ni padres ni madres de esas bombas de la geopolítica verraca. Bastante tiene con gestionar un divorcio e impulsar un futuro minado por el presente. Eso solo lo pueden dar líderes con fuerza y estabilidad suficiente para mirar el horizonte. Para los ciudadanos queda la recuperación de las sensaciones perdidas y la cera para protegernos de los cantos de sirenas y tiburones que nos pueden robar a dentelladas un espacio económico y social necesario. Como lo fue para los ilegales a quien he tomado prestado el título de esta columna.