Feas, sí, feas

El pasado lunes, en un acto celebrado en Bilbao, cinco forajidos quebraron la armonía abucheando al Príncipe. El público abucheó aún más a los maleantes de la camiseta naranja y los de «Bildu» hicieron mutis por el foro. En un detalle se establece la diferencia entre los nacionalistas vascos y los catalanes. Los primeros están infinitamente mejor educados. Urkullu, con independencia de lo que sienta o piense, es un señor comparado con Mas. Sobrevolaba el acto el recuerdo de Iñaki Azkuna, el gran alcalde nacionalista de Bilbao, siempre respetuoso, leal y cordial con la Corona. Los nacionalistas vascos no disfrutan con la grosería. Los independentistas catalanes se lo pasan bomba.

Una frase carente de importancia de Miguel Arias Cañete se ha convertido en el único argumento de Elena Valenciano, la izquierda española y las izquierdas europeas. Al contrario, la contundente afirmación «en Cuba no se tortura» del presumible «demócrata» Willy Meyer no ha encontrado respuesta. La izquierda es magistral en la manipulación y el victimismo. Y me pregunto: ¿Si a Miguel Arias Cañete le han insultado por una frase bienintencionada pero desajustada, qué me van a hacer a mí? Las de «Bildu» son feísimas. Y no es cosa de ahora. Llevo años analizando a las mujeres de Batasuna, de Euskal Herritarrok, de Bildu, de Sortu y de todos los grupos proetarras o etarras que han ido apareciendo y desapareciendo de acuerdo a sus intereses. Y son feas. Y ellos, muy cercanos en su aspecto al hombre de Cromañón. Sus apariciones conjuntas son aterradoras. Huelen a sudor las páginas de los periódicos y las pantallas de los televisores y los chismes cibernéticos. Más que a sudor. A corral. A corral poco cuidado, que hay corrales limpísimos, esmerados y con toda suerte de animales mejor educados que los homínidos inmediatos al terrorismo.

El Príncipe soportó el desaire con seriedad y empaque. Hablaba días atrás de la espontaneidad del Rey. El Rey ya les dedicó una contundente «higa» a los proterroristas durante una visita a Bilbao. Una «higa» ágil, de corte italiano, que algunos consideraron una falta de respeto. Es decir, que los asesinos insulten gravemente al Rey entra en las normas de la buena educación ciudadana. Que el Rey les responda con un corte de mangas es una intolerable falta de respeto. Así está montado el tinglado. Que Arias Cañete resbale levemente en una justificación resulta indamisible. Atentado verbal contra las mujeres. Que Elena Valenciano comparta un mitin con el maltratador de su propia mujer, el presidente del socialismo vasco, Jesús Eguiguren, es absolutamente normal y respetable. Pues no. Estoy hasta los dídimos de lo políticamente correcto. Hay que hablar y escribir con claridad. Y si las de «Bildu» son feas, que se abracen a la higiene, cambien de peinado, adelgacen un poco y consideren de una vez que la feminidad y el feminismo nada tienen que ver. Son como machorras. Aguantaré los palos, los insultos y las amenazas. Faltaría más.

Creo, y me gusta compartir mis convencimientos, que una considerable proporción de las mujeres amargadas, descontentas consigo mismas,y envidiosas de bellezas no concedidas, se apuntan a toda suerte de movimientos feministas para desahogar sus frustraciones. El feminismo está también instalado en los extremos leninistas y estalinistas. Y se equivocan. Con tanta dejadez, lejanía de la higiene personal y resistencia a no aceptar los mandatos de la naturaleza, nada se consigue. La fealdad no es un mérito para alcanzar la inmunidad. Lo escribe un feo. Basta ya de chorradas. Y a los maltratadores no se les besa.