¡Feliz votación!

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Un amigo tiene la manía de acudir a votar en la última media hora antes de que cierren los colegios. Cuando pregunté por esta costumbre, me respondió que era para garantizarse que no le iba a tocar ser miembro de la mesa electoral en caso de que no se presentase alguno de los miembros titulares o suplentes y hubiese que echar mano de los votantes madrugadores. Está muy sorprendido ante la previsión de que haya que acudir a las urnas el día de Navidad. Mostraba su «preocupación ante la posibilidad cierta de que, aún pasándose por el colegio electoral a las ocho menos un minuto de la noche, me toque formar parte de la mesa». Le contesté que era un exagerado y me respondió con la siguiente argumentación: «si hace tres meses te digo que las elecciones serían el 25 de diciembre, ¿tú qué me hubieses respondido? Y, mira, ahí está esa posibilidad cierta ahora mismo». Y es que la realidad supera con creces a la ficción. Pero, ¿cómo es posible que se haya llegado a esta situación? No lo sé, pero así es como están las cosas. Alarmados, los partidos se han puesto a trabajar para evitarlo. El PSOE planteó en su día una modificación de la Ley Electoral, ahí es nada, para reducir la campaña a una semana, en cuyo caso las votaciones podrían ser el 18. No digo yo que no se pueda hacer, pero hay que darse mucha prisa y, además, dudo de la legalidad de esta medida. En cualquier caso, si malo me parece tener que acudir a las urnas el 25 de diciembre, casi tan malo me parece la modificación de la Ley Electoral con el argumento falaz de que así se facilitan las cosas a los ciudadanos. No, se cambia porque los políticos temen que no se constituyan muchas mesas, que la abstención se dispare y que los ciudadanos digamos ¡ya está bien! Que no nos vendan burras, si lo hacen es por su propio interés, no por el nuestro.