Foco de islamismo radical

La Razón
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La detención de los componentes de una célula yihadista en Cataluña dispuestos a atentar ha provocado una cierta inquietud en la calle. No es un hecho aislado. En lo que va de año ya van unas cuarenta personas de religión musulmana puestas, en varias redadas, a disposición judicial en esta comunidad autónoma. Parece, a juzgar por las declaraciones del ministro del Interior, que es donde el salafismo está más extendido. En España hay ya nada menos que 1.264 mezquitas, de las cuales un centenar son sospechosas de adoctrinar a los fieles en el islamismo radical. Pues bien, la mitad de ellas funcionan en Cataluña. No está claro por qué encuentran mejor acomodo en esta región de España. De hecho, Cataluña se ha convertido en el principal foco de yihadismo en España. El ministro ha insinuado, valiente o temerariamente, que los musulmanes extremistas habían encontrado buena acogida en círculos independentistas como la fundación «Nous Catalans». Sus razones tendrá para decirlo. Pero una acusación de tal calibre, contra la que se han revuelto enseguida los activistas de la independencia, no puede quedar así. El asunto es tan serio que merece una investigación a fondo. Es lo que faltaba para enmarañar más aún la «cuestión catalana». No sería bueno que al peligro secesionista, procedente de Cataluña, se asociara ahora en la opinión pública española la amenaza terrorista. Es preciso reconocer que hasta ahora el proceso soberanista se ha desarrollado allí pacíficamente. Sólo se han violentado las leyes y la opinión pública.

El cabecilla de esta operación abortada por la Policía es, por lo visto, un tal Antonio, peluquero de Sabadell, español, casado con una marroquí, a raíz de lo cual se convirtió al Islam y se dejó la barba. Para los vecinos del barrio, un tipo normal, del que nadie sospechaba. Los detenidos en esta redada antiterrorista alcanzan entre 17 y 45 años. Además de tener todo dispuesto para un atentado cruento en Cataluña, se les acusa de captar jóvenes para enviarlos a luchar a Irak y Siria en las filas del llamado Estado Islámico. Algunos de los arrestados estaban ya listos para alistarse. La recluta se hace sobre todo por internet. Hay que agradecer, de entrada, el trabajo silencioso y eficaz de las Fuerzas de Seguridad y de los responsables del Gobierno y de la oposición sensata. Pero es inevitable que, ante noticias como ésta, surja la pregunta: ¿Estamos seguros? Parece evidente que la amenaza de atentados terroristas a manos del islamismo radical existe. En España ya la hemos experimentado y aún sangran los trenes madrileños de Cercanías y el corazón de las víctimas. «El riesgo existe –asegura el ministro del Interior–, no podemos bajar la guardia». Más vale. Ante esto, palidece el politiqueo de los partidos, nuevos y viejos, las supuestas peleas internas y el tejemaneje para la elaboración de las listas electorales. Gobernar es algo más serio, como se ve.