Goebbels

Se observa, en algunos sectores de la verdad publicada, un alarmante aumento de informaciones interesadas, como si configurasen noticias veraces, en perjuicio de la investigación real y su traslado al ciudadano. Fue Joseph Goebbels, ministro de Propaganda de Hitler, quien puso en marcha ese marketing basado en la emisión de mensajes falsos cortos y reiterados, a fin de que su repetición los hiciera calar como veraces; frases generadoras de odio contra la causa adversa emparejados a personajes con pretendida aura.

El periodismo de hoy no necesita Goebbels sino valientes buscadores de la verdad. ¿Se fabrican propagandistas en cada edificio del poder? Los Goebbels de turno viven bien a la sombra del tirano, pero suelen morir junto a él. Nunca hallan la paz después del daño. En 2013, con un huracán de redes sociales incontroladas e incontrolables y un puñado de directores valientes, la información bulle supersónica. Los ciudadanos conocen la realidad y detestan que los nietos del propagandismo pretendan manipularlos como a idiotas. No resulta fácil anestesiar realidades. El periodismo global descansa en la búsqueda incansable de la verdad, en su contraste, en su más completa y fidedigna exposición y en la más artística expresión de honestidad. No mezcla opinión interesada con información interesada. Los Goebbels de los cuarenta fueron atropellados por la historia, pero, por el camino, asesinaron millones de conciencias. Estamos ante la revolución de la gente honrada, la que sólo quiere saber y vivir la verdad. Y en eso consisten el periodismo y la democracia en nuestra sociedad. Sin engaños.