Gran coalición... según y cómo

Anda el mundillo político español revuelto en los últimos en relación con las propuestas y negaciones de un gobierno de coalición PP-PSOE. No se puede ocultar que para no pocos ciudadanos, semejante posibilidad resulta intolerable siquiera por que el diálogo no es una de las virtudes que adornan al noble pueblo español. Casi me parece escuchar a las masas imprecando: «¿Pactar con los fachas?, ¿Aliarse con los sociatas? ¡¡Jamás!! ¡Antes morir que pecar!». Comprendo todos esos puntos de vista y también entiendo que algunos se barrunten que cuando hay reunión de pastores todo acaba en oveja muerta. Con todo, una hipótesis de este tipo debe ser examinada de manera racional y aparcando los sentimientos viscerales por muy imbricados que se encuentren en el inconsciente colectivo. Desde mi punto de vista, el escenario se reduce a dos posibilidades. La primera es que la recuperación económica sea una realidad indiscutible. En ese caso, un gobierno de coalición no tendría el menor sentido salvo que el PP quiera otorgar caudal electoral a su adversario político en detrimento propio. La segunda es que la recuperación económica no sea tan innegablemente tangible como todos deseamos e incluso vuelva a planear el espectro de la intervención y de la bancarrota sobre España como sucedió en la era ZP. Si tal fuera el caso, el gobierno de gran coalición resultaría no sólo recomendable sino incluso obligado siempre que tuviera en su agenda realizar, sí o sí, los siguientes objetivos. Primero, una reducción drástica del gasto público que permitiera bajar considerablemente los impuestos relanzando así el consumo, el crecimiento y el empleo; segundo, frenar frontalmente las exigencias del nacionalismo catalán que, por ejemplo, desde que comenzó la crisis, ha creado más de cuarenta mil nuevas plazas de funcionarios que, por supuesto, pagamos todos y tercero, concluir las incompletas reformas laborales de tal manera que disminuya el desempleo y entremos en el ciclo económico virtuoso. Si un gobierno de gran coalición llevara a cabo, a izquierda y derecha, ese programa las perspectivas podrían ser muy halagüeñas. ¿Qué sucedería si sólo pretendiera engañar a Bruselas y evitar la intervención pactando además la impunidad para los corruptos? Lo conseguiría, pero sólo a medio plazo. Por un año y medio, quizá incluso dos, se evitaría el desembarco, esta vez encarnizado, de los hombres de negro, pero, al final, tendría lugar y en términos aún más ásperos. Por eso, la idea del gobierno de gran coalición no es mala. Sólo depende del según y del cómo.