Individuo peligroso

Hoy le debo la mitad de mi artículo a un individuo altamente peligroso. Incomprensible que pueda ser el portavoz de Izquierda Unida en el ayuntamiento de Alcalá de Guadaíra. Con anterioridad a transcribir sus palabras, sus amenazas, sus injurias y sus intenciones, conviene recordar que Alcalá de Guadaíra es una localidad de Sevilla, que en Andalucía gobierna el PSOE desde que se construyó la plaza de toros de Ronda y que el socio en el gobierno de la autonomía andaluza es Izquierda Unida.

En Alcalá de Guadaíra, tres miembros de una familia han fallecido por ingerir alimentos en mal estado. Se están investigando los pormenores del terrible accidente doméstico. No hay unanimidad en los criterios ni en las conclusiones. No obstante, el portavoz comunista en Alcalá de Guadaíra, eximio científico, peculiar forense, afamado hombre de paz y sosiego, ha hablado. Sus palabras son un ejemplo de lo que se nos avecina si algún día resentidos como él acceden al poder político nacional.

«La familia Rabesa no merecía morir por culpa de esos gobernantes asesinos que salen a diario en televisión vendiendo humo, que son los que merecen la muerte». Me pregunto: ¿Se refiere a la presidenta de la Junta de Andalucía, a su socio de Izquierda Unida, señor Valderas, o al consejero de Salud del Gobierno andaluz? Prosigue: «La violencia del pueblo hacia esos usurpadores, esos capitalistas sin escrúpulos, esos asesinos, porque no tienen otro nombre, es más que necesaria en estos momentos. El pueblo español se tiene que levantar de una vez, y ese criminal llamado Rajoy tiene que pasar el resto de su miserable vida entre rejas».

Para el singular «demócrata» comunista, el pueblo tiene que matar a los usurpadores que han ganado en las urnas el derecho y el deber de gobernar. Son unos asesinos. Y especialmente, el criminal llamado Rajoy, al que salva la vida generosamente siempre que se le garantice que pasará el resto de su miserable vida entre rejas. Al menos, ese rasgo de humanidad distingue al camarada Alberto J. Miranda de Stalin, Carrillo, Líster y «El Campesino». Prosigue: «Ahora, si quieren que me denuncien por incitar al odio con esas nuevas leyes fascistas que estáis proponiendo. Porque yo sí siento odio, odio de clase, odio a los capitalistas, que habéis matado a mis vecinos. (Según los presentes, en este preciso instante, gimotea y llora). Ojalá no mueran más familias. Ojalá os muráis los que habéis matado a mis vecinos con vuestras malditas políticas de recortes. El capitalismo mata, pero el pueblo, cuando no puede más, también. Y el día que por fin nos levantemos, os faltará mundo para correr, miserables asesinos».

Me preocupa sobremanera el estado físico de la Presidenta de Andalucía, del vicepresidente comunista y socio en el Gobierno andaluz, del consejero de salud y de los responsables de los sindicatos que se han forrado estos últimos años estafando a los parados de aquella comunidad. Al gimnasio todos, inmediatamente, antes de que al camarada Miranda se le escore la mente, levante al pueblo y se ponga a correr detrás de los directos responsables de la sanidad y la situación económica de los andaluces. Pobre del que caiga en sus manos. Al menos, deja ver con claridad sus intenciones. A éste no le hacen caso, y organiza un Paracuellos en Alcalá de Guadaíra de los que hacen época.

No entiendo cómo puede ser portavoz de nada semejante indeseable. Y menos aún, que sus palabras no interesen al Fiscal ni a la justicia.