Invito a Alberto Garzón

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Alberto Garzón, mitad del dúo dirigente de Unidos Podemos, afirmó hace unos días que el comunismo está de moda. Sus palabras me recordaron una prueba ya sugerida por Alexander Solzhenitsyn en el primer volumen de «Archipiélago Gulag». Señalaba el escritor y premio Nobel ruso que para comprender lo que significaba el paso por el sistema concentracionario soviético conocido como Gulag, bastaba con someterse durante un día, incluso por unas horas o minutos, a algunas de las situaciones que, en su interior, padecían los reclusos. Yo invito a Garzón y cualquiera de los que piensan que el comunismo es la solución a nuestros males a trasladarse a cualquiera de las naciones oprimidas por esa ideología. Le invito a que sufra cinco horas de cola para intentar – porque no es seguro que lo consiga– comprar harina, leche o aceite en la Venezuela que lleva años respaldando a Podemos. Le invito a que intente encontrar medicinas para psicóticos o enfermos de sida en los hospitales venezolanos. Le invito a que intente publicar cómo una hija de Chávez ha conseguido hacerse con su fortuna, en paralelo a tantos socialistas venezolanos que se han enriqueciendo especulando con alimentos y con el hambre del pueblo o directamente con el narcotráfico. Le invito a que intente encontrar un empleo decente y bien pagado en Cuba. Le invito a que examine lo que se enseña en las aulas adoctrinadoras de la isla explotada como su feudo particular por los Castro desde hace más de medio siglo. Le invito a que viva con los derechos laborales y la paga de un obrero norcoreano. Le invito a que se quede en cualquiera de las prisiones en las que todos y cada uno de estos gobiernos arroja a los disidentes. Le invito a que soporte por unos minutos las torturas que en Cuba, Corea del norte o Venezuela se aplican a los que abren la boca o son sospechosos simplemente de hacerlo. Le invito a que intente encontrar una vivienda digna de tal nombre en cualquiera de esos países de régimen socialista. Le invito a que intente desplazarse en los transportes de cualquiera de esos paraísos. Le invito a que se enfrente con la escasez de electricidad y de agua que existe en ellos y que lleva a algunos a intentar almacenar este último elemento en cubos que se convierten en focos de infección. Ni un año ni un mes. Una semana. Como un esclavo más y no como un jerarca. Luego hablamos de modas.