La crisis sigue abierta

Asimple vista parece que se ha pasado página en el seno del PSC. Los diputados díscolos han aceptado la multa impuesta por la dirección y la mayoría de la ejecutiva se conforma con imponer una sanción de 400 euros. Sin embargo, la realidad dista mucho de ser tan sencilla. Fuentes del sector crítico han manifestado, con la boca pequeña, su malestar al salir de la ejecutiva. «Ha habido muy mal rollo». El malestar de los disidentes radica en qué el primer secretario, Pere Navarro, ha impuesto una hoja de ruta para el PSC que los críticos consideran que se han visto obligados a aceptar para «evitar males mayores». «Claramente nos menosprecian», afirman con una cierta amargura. Por su parte, la dirección considera que la integración de dos miembros del sector que rompió la disciplina de voto en el diseño de las conferencias sectoriales es «un gesto más que suficiente de mano tendida».

Las intervenciones en la reunión de la ejecutiva traslucen que la crisis no se ha acabado. Algunos dirigentes próximos a Pere Navarro afirman que su actitud es «moderada. No les íbamos a convertir en víctimas pero tampoco les vamos a dar más protagonismo del que tienen». Los críticos, por su parte, ven en algunas de las intervenciones unas ciertas «ganas de vendetta» por parte de la mayoría.

El conflicto interno no ha acabado como el rosario de la aurora pero las heridas siguen abiertas y escuecen. La ejecutiva de hoy ha intentado formalmente templar gaitas y esperar que las aguas vuelvan a su cauce. De momento, el PSC no ha vivido su particular noche de los cristales rotos pero las tensiones están lejos de disminuir. Es más, algunos responsables cercanos a Pere Navarro serían partidarios de echar sal en estas heridas. Estos dirigentes no ocultan, en privado, que el PSC debería actuar con contundencia «porque ahora no es el momento de la complacencia». Esa contundencia debe llegar para algunos con la «separación del partido de los que han roto la disciplina de voto».

En palabras del ex portavoz Miquel Iceta, uno de los dirigentes del partido más respetados incluso por el sector crítico, los que no votaron con la mayoría del grupo socialista no "respetan el derecho a decidir del PSC". Pere Navarro se ve fuerte después de forzar el no a la declaración soberanista pero la crisis está cerrada en falso. Sin duda, la historia continuará.