Restringido

La españolada

La Razón
La RazónLa Razón

El pasado domingo se celebró en Sabadell una asamblea de 3.030 militantes de las CUP (la alegre muchachada radical, que imita a los batasunos en feísmo, aros en las orejas y sucias greñas), donde consiguieron alcanzar la gloria del esperpento en las variadas votaciones que tuvieron a bien ejercer sobre el futuro de Artur Mas y sus menguadas fuerzas convergentes. Todo terminó en un empate imposible a 1.515 votos (deberíamos resaltar su falta de visión histórica, pudiendo amañar la cifra a un resultado igualado de 1.714). Tras conocer tan prosaico desenlace, una inmensa sensación de ridículo recorrió todo el principado y acabó en una nueva e innecesaria humillación del presidente de la Generalitat, que nos avergonzó a todos los catalanes, incluso para quienes deseamos su dimisión inmediata y su pronta incorporación a alguna empresa farmacéutica en algún lejano país americano.

«Todo menos hacer el ridículo», clamaban las huestes separatistas parafraseando a Tarradellas, y agrupados bajo el nombre del «Camamila Party» (banda de tertulianos convergentes muy bien pagados por los condes de turno y habituales de los medios privados subvencionados e inspirados en el «Tea Party»), después de esperar tres meses una respuesta racional de los asamblearios. Los «Cuperos», como se conoce a estos iluminados salvapatrias, han conseguido superar todas las predicciones del espectáculo al que nos tienen acostumbrados en su desfachatez y manipulación democrática, puesto que la probabilidad de que 3.030 votantes empatasen a 1.515 votos es de 1/3.029, es decir el 0,00033014% de posibilidades, que corresponde a un suceso imposible y dieron una explicación ridícula. Catalunya vive una comedia de tintes tragicómicos y de consecuencias imprevisibles, con personajes que parecen extraídos de un vodevil del Paralelo de los años 20 pero con ínfulas de artistas de primera línea. Entre estos actores y opinadores de dudosa capacidad racional, destaca un profesor de antropología, millonario y tertuliano en radios españolas, que responde al apellido de Delgado, miembro de pleno derecho de la CUP, que aseguró unas horas después de conocer el resultado del empate que no se desplazó a la asamblea porque le daba pereza viajar desde Barcelona a Sabadell. El filósofo Francesc Pujols, en su obra «Concepte general de la ciència catalana», explica su célebre profecía: «Porque serán catalanes, todos sus gastos, donde vayan, les serán pagados», según la cual los catalanes somos seres excepcionales por el hecho de ser hijos de la tierra de la verdad y viajaremos por el mundo de forma gratuita porque es más importante ser catalán que ser millonario. El listo de Delgado no leyó a Pujols.

La «Españolada» es una palabra que suele emplearse de manera despectiva para hacer referencia a las películas españolas, y fue un catalán, abogado y director de cine, Rafael Julià Salvia (Tortosa, 1915), quien popularizó este término aplicado al cine. Esperemos que bien pronto en TV3 produzcan la película «0,0003314% y el viaje gratis del señor Delgado», obra impagable del mejor humor grotesco, digna del género más hispano y denostado por los separatistas. Porque no hay españolada más grande que un separatista (vasco o catalán).