La honra de Atenas

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En un momento así, con los mercados alborotados, la avaricia desatada, los atenienses deambulando cabizbajos, humillados e irritados, y Grecia convertida en papel mojado y letra de cambio sin fondos, casi en un estorbo molesto para los capitostes del dinero y de la política, es preciso alzar la voz y defender, en esta hora de incertidumbre, la honra de Atenas, cuna de la cultura y del pensamiento occidental. Sin la aportación helénica Europa no existiría. Conviene que lo tengan en cuenta los ricos acreedores del norte. Atenas es más europea que Berlín. Su desgajamiento del tronco de Europa sería la fatídica señal de la muerte cantada del euro y de la Unión. No es extraño que en las calles bajo el Partenón resuene hoy la voz vibrante de Demóstenes en el discurso más famoso de la historia, pronunciado el año 330 antes de Cristo, en el que defiende, frente al político Esquines, su derecho a la corona dorada. Él, que se había enfrentado al poder de Filipo II y de su hijo Alejando con indudable coraje cívico, afirmó que era mejor la derrota de Atenas después de una lucha gloriosa por la independencia que entregar la herencia de la libertad. Hoy Demóstenes no calificaría precisamente de lucha gloriosa la de Tsipras en Bruselas. Más bien arremetería contra él lo mismo que hizo contra Esquines, por la derrota humillante y por aprovechar, con falsedades, el orgullo herido para excitar las pasiones del pueblo y conducirlo a la miseria y a la marginación.

Encima de la mesa tengo siempre «El archipiélago» de Hölderlin, uno de los grandes poemas de todos los tiempos, en la línea de Esquilo o Píndaro, y con frecuencia, en momentos de agobio, me refugio en él y, de su mano, bordeó las islas griegas por el mar, que es el protagonista. Hoy es una cita obligada: «...Y si el tiempo impetuoso / conmueve demasiado violentamente mi cabeza, y la miseria y el desvarío / de los hombres estremecen mi alma inmortal, / ¡dejadme recordar el silencio en tus profundidades!». Así concluye. En aquel mar y en ese archipiélago nació Europa y ahora puede estar a punto de sucumbir.