La imagen de Francia

Muchos españoles tienen de Francia una idea curiosa. Es como si los franceses hubieran hecho realidad un sueño de cambio radical que aquí, en España, no hemos logrado implantar nunca. Los franceses, efectivamente, hicieron su revolución hace ya más de dos siglos, y esta revolución se convirtió con el tiempo en lo que hoy se llama un icono, un icono político-sentimental que llenó de esperanza, de ansiedad y al fin de melancolía los espíritus de nuestros incurables progresistas. La historia de esta fascinación cubre casi todo el espectro de la intelectualidad política española de sesgo izquierdista, desde los republicanos a los socialistas, llegando incluso a los anarquistas. Hoy se perpetúa en los libros de texto y en la enseñanza de la historia. El imaginario de los jóvenes españoles sigue poblado por los levantamientos del «pueblo» francés, hambreado y justiciero, contra las frivolidades culposas de María Antonieta...

Lo que no existe en este panorama son otras revoluciones, como las inglesas del siglo XVII o la norteamericana que llevó a la independencia de Estados Unidos. Como revoluciones conservadoras que son, perturban la sencillez del esquema marxista de la historia que se sigue enseñando aquí a machamartillo. Por otro lado, también en Francia hubo quien intentó continuar la «lógica de la historia». Así se llegó a las brutalidades de la Comuna de París en 1871, tras lo cual el ciclo revolucionario se acabó. La República se volvió conservadora.

Este carácter conservador ha vuelto a aparecer en los últimos días en dos cuestiones muy distintas. Ante la propuesta de ley de matrimonio entre personas del mismo sexo que los socialistas van a sacar adelante, una parte importante de la sociedad francesa se ha movilizado con energía e incluso ha salido a manifestarse. No hay por qué compartir sus argumentos, pero se reconocerá que en este punto los franceses no tienen miedo al debate. En Francia, la familia es el fundamento de una sociedad obsesionada por la propiedad, la transmisión del patrimonio y la legitimidad: valores republicanos, como dicen ellos, tanto como cualesquiera otros. Más aún, hasta ahora incluso un socialista francés sabía distinguir entre el matrimonio y «l'amour». Otro asunto es la intervención en Mali, que desmiente las promesas hechas por Hollande acerca de sus intenciones de no emplear la violencia en el exterior. Francia mantiene una capacidad militar importante, quiere seguir haciendo valer su influencia y sus intereses, en particular en África, y sabe estar al lado de sus aliados. «La République», como se ve, tiene muchas caras...