La marca de café

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Me corroe la curiosidad. Así que ya saben; si alguno de ustedes conoce la marca de café que consumen los expertos del CIS antes de elaborar el apartado de «políticos más valorados», que me escriba. Para mí es un misterio insondable. Lo era hace años, cuando salía encabezando la lista la probatasuna Uxue Barcos y lo es ahora, cuando aparecen en los primeros puestos el catalanista Joan Baldoví, el besucón Xavier Domènech y el sectario Alberto Garzón.

No descarten, si siguen con el mismo proveedor sus analistas, que el CIS anuncie en su próximo barómetro que el «darling» de la ciudadanía hispana es el fullero Juan Carlos Monedero. Y ahora díganme si no resulta enigmático que fulanos, a los que una familia decente no dejaría ni borracha al cuidado de sus hijos, sean los dirigentes más apreciados por los españoles en opinión de los cerebros demoscópicos. Lo de Garzón, el monaguillo de Pablo Iglesias, es un caso singular y no precisamente por su brillantez intelectual o fogosa oratoria. Cierto que es uno más de esa patulea de progres, sectarios y cretinos que apoyan las torturas, asesinatos y latrocinios del dictador Maduro, pero es que encima censura a la Prensa española por denunciar las tropelías y ni se sonroja cuando escupe semejantes dislates. El fanatismo es cegador y siendo comunista como dice ser, le tiene que costar al jefe chekista de IU valorar la realidad de Venezuela, pero vamos a intentar darle algo de luz. Imaginemos que Rajoy, molesto por las declaraciones de Carmena, ordena que la detengan y una cuadrilla de fornidos agentes se presenta de madrugada en casa de la alcaldesa, se la lleva en camisón, a empellones, y la encierra tres días en una mazmorra, antes de condenarla a «arresto domiciliario» y sustituir al Ayuntamiento de Madrid por una gestora «popular». Y que de paso, porque ha visto que el PSOE sube en las encuestas, arresta a Pedro Sánchez y lo tiene tres años aislado en la celda de un siniestro penal. Y cuando el fiscal general manifiesta su disconformidad, manda sacar a golpes al jurista del despacho y coloca en su puesto a un colega fiel. Y de paso, para que no se le alborote el gallinero, cada vez que hay una manifestación de protesta, manda disolverla a perdigonazos y que se arreste a todo el que parezca de Podemos, socialista o cualquier cosa parecida. Y al juez que ose sentenciar que no hay motivo, lo corre a palos. Pues eso, Alberto Garzón, es lo que pasa en esa Venezuela chavista que tú tanto alabas.