La negociación, mejor con llantina

La Razón
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El Reino Unido ha iniciado la cuenta atrás de su nueva deriva oceánica. La primera ministra, Theresa May, escenificó esta semana en su residencia de Downing Street la desconexión británica de la Unión Europea que habrá de hacerse efecto con todas sus consecuencias en un periodo de dos frenéticos años de negociaciones. Una de las muchas incertidumbres que existen es qué demonios va a pasar con Gibraltar. Menos los monos que tan solazmente habitan el Peñón, no hay yanito que no ande haciéndose números y cábalas y, a estas alturas del cuento, sólo tiene algo seguro: nada volverá a ser igual después del «Brexit», algo que, de por sí, supone ya una trapisonda para una comunidad tan satisfecha como la gibraltareña. En situaciones como la presente, lo esencial es ejercitar la flema y tratar de «minimizar los daños», tanto desde una parte de la verja como de la otra, desde la isla al continente. En ésas anda el alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, quien había solicitado la sede de la Agencia Europea del Medicamento, actualmente en Londres, hasta que llegaron los catalanes. Y con la Iglesia hemos topado. El Congreso de los Diputados votó a favor de que la institución comunitaria de los medicamentos se traslade al antiguo principado y los malagueños están que trinan. De la Torre ha clamado por un gesto de generosidad desde Cataluña, que es como intentar enseñar aritmética y geometría a los micos de Gibraltar. El caso es que la probable reducción de ingresos de divisas esterlinas que provocará el «Brexit» en la Costa del Sol podría haber visto minimizado sus daños con la llegada de los funcionarios europeos a la capital malagueña, pero la llantina catalana se revela poderosa. Estas peleítas en Bruselas se las toman a risa. Aquí no, aquí hay que llorar.