La paz, la ética y la traca

Sólo la grave lesión de Jesé ha alterado durante horas el ambiente apacible del Madrid a las puertas de un clásico. Los malos humos, la retórica del sistema y las medias verdades, recurso tan inmundo como rancio, se han evaporado como el currículo y las esperanzas de trabajar en lo suyo de 400 maestros de la Comunidad de Madrid. Cuatrocientas vidas anuladas, inutilizadas y sin derecho a paro. Estudiaron Magisterio; algunos añadieron un curso de especialización en Educación Infantil de 500 horas, garantía laboral hasta que, el 17 de mayo de 2013, el listo de turno decidió cambiar aquello por un máster que cuesta entre 3.600 y 4.425 euros en determinada universidad privada. Los que no han pasado por caja han sido literalmente eliminados de la faz de la tierra. Como no existen, no tienen derecho a enseñar, lo que viene siendo un clásico de la picaresca española.

En lo futbolístico, el clásico es un Madrid-Barça, y el pícaro, un portugués que convirtió el antes, el durante y el después del encuentro en lo que otros clásicos conocen como el fútbol subterráneo. Valía todo con tal de desestabilizar al rival, que entraba al trapo. Hoy, ese rival se mortifica solo. Guardiola, antes pararrayos, forma parte de ese cuerpo de pirómanos que crece a diario sin necesidad de cursar un máster en chantaje ni de que aticen el fuego más allá de la frontera catalana. En la semana del Madrid-Barça, descubren que Martino no quiere seguir y airean los ocho fichajes que lucubró en octubre –Agüero, Klose, Arda, Gundogan, Filipe Luis, Subotic, Vergini y Doria–, cuando el fuego amigo todavía no le apuntaba. De traca, vamos.