La receta de mi abuela

La Razón
La RazónLa Razón

«Trágate la chicha ya», era la orden de mi abuela o de mi madre, cuando de niño remoloneaba y el trozo de carne pasaba de un lado a otro de la boca. Esta semana, en la que ha habido mucha chicha, comenzó justamente con el informe de la Organización Mundial de la Salud, que desató el pánico en todo el mundo, en el que se acusaba a las carnes rojas y a las procesadas (incluidos los jamones) de contribuir de forma significativa al cáncer de colon. Al mismo tiempo, Rajoy disolvió las Cortes, comenzando así un proceso de casi cuatro meses que terminará cuando se forme el nuevo Gobierno. En paralelo se vivían nuevos episodios de otro culebrón que tiene mucha «chicha», el de Cataluña, en el que no ganamos para sustos (el último, por ahora, afecta a los dineros de la familia Pujol, del que informaba ayer LA RAZON). En resumidas cuentas, que ha sido una semana de aúpa. Menos mal que ayer la OMS matizó las conclusiones de su informe inicial, aunque, por otro lado, eso ha contribuido a sembrar más dudas todavía. Con el paso de los años, he aprendido a relativizar lo que dicen los expertos sobre alimentación, consumo y salud y me he vuelto un poco escéptico. Recuerdo que hace un cuarto de siglo el aceite de oliva era el causante de muchos de los males que nos aquejaban, diez años después cambiaron las tornas y, desde entonces, este producto tan español sólo tiene bondades. Otro tanto ha sucedido con las almendras y con las nueces, que han pasado de ser «el coco», a considerarse la solución para casi todo. Al final, he decidido aplicar la receta de la abuela, en este caso la mía: «Comer poco y de todo». ¿Su aval? Pues que, al margen de factores genéticos, vivió 109 años y 8 meses, aplicando su receta y comiendo jamón hasta cuatro días antes de morir.