La traidora castigada

La Razón
La RazónLa Razón

En los últimos días su nombre era un clamor entre los cuadros de Izquierda Unida. Tania Sánchez Melero, la «zarina» roja, que saltó a la fama por su estrellato televisivo y por ser pareja de Pablo Iglesias, había sido determinante en el batacazo monumental de IU en Madrid. Sus dos candidatos a la Comunidad y al Ayuntamiento, el poeta Luis García Montero y Raquel López Contreras, lo tenían claro. De la mano de Alberto Garzón, al que engañó como un chino, en complicidad con su novio, aunque de puertas afuera ya no lo sea, Tania conspiró y tejió toda una red en detrimento de IU y a favor de Podemos. «Ha sido una traidora, ahora escarmentada», dicen en la cúpula tradicional de IU, muy críticos con la debilidad de Garzón ante la astucia sibilina de la rubia ex diputada autonómica.

La vida personal y política de Tania no es baladí. Cuando tenía cuatro años, su familia se estableció en Rivas Vaciamadrid, un municipio al que llegaron muchos dirigentes del PCE. Su padre, Raúl Sánchez Herranz, era un comunista de pedigrí con ambiciones y llegó a ser concejal del Ayuntamiento. Su madre, empleada de banca, militaba en Comisiones Obreras. Con tanta sangre roja en las venas, Tania estudió EGB en el colegio público Victoria Kent, fue delegada de clase, activista en primera fila y montó un colectivo revolucionario llamado «Amanece que no es poco». Eran defensores del proletariado, anticapitalistas y antitaurinos. Tras un curso en Educación Social, se marchó a Suecia, donde logró una beca Erasmus y se empapó de su conocido Estado del Bienestar. Le supo a poco, porque a su vuelta a España entró en Izquierda Unida, trabajó de camarera y asistenta social, fue delegada sindical de Comisiones Obreras, ascendió como nadie en Rivas y llegó a diputada en la Asamblea de Madrid.

Quienes bien la conocen aseguran que su ambición y su capacidad de conspirar no tienen límites. De la mano de Pablo Iglesias, a quien conoció en una noche de copas madrileña, ascendió en política y se convirtió en estrella mediática. Atractiva, seductora y agresiva, Tania fue una especie de Mesalina entre los comunistas madrileños. Dicen que fue ella la gran impulsora de la estrategia de Iglesias, aunque tal vez llegó tan lejos que la pareja decidió romper. «El daño ya estaba hecho», afirman dirigentes de IU que ven con claridad el mal que Tania hizo a una formación histórica en Madrid, fagocitada en manos de Podemos. «Le viene bien este castigo, es un escarmiento», sentencian sus ex compañeros.

El pasado mes de febrero dejó su partido de siempre y ahora se enfrenta a una imputación por temas que ella siempre negó. Fue reina de las televisiones y portada de medios informativos, hasta que la ambición mal calculada le ha dado un golpe en toda regla. En los últimos días se la ha visto pasear con su perrita por las calles de Rivas, molesta y algo cabizbaja. La que fuera «primera dama» de Podemos y concejala de fiestas no tiene ahora muchas ganas de guasa. Es la historia de una mujer dura, arisca e implacable, ante un reto judicial y unos compañeros que le dan la espalda.