Las páginas arrancadas

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Este próximo mes de mayo y a la espera de concretar la fecha el Partido Popular va a celebrar, en el supuesto de que finalmente se disuelvan las efímeras cortes actuales y vayamos a repetición de elecciones, una junta directiva nacional que no va a ser precisamente de puro trámite. No lo será porque Rajoy, que no afronta desde hoy lunes una semana fácil, dejará sentado, y por si a alguien en clave interna le cabe alguna duda, que el momento de «mirarse al espejo» a la hora de repetir candidatura –tampoco hará falta recordar quién da el visto bueno a las listas– todavía no ha llegado. En ese encuentro habrá alguna cosa más para tomar no pocas notas ya en la dirección de aquella reciente respuesta del presidente en funciones a sus correligionarios en el País Vasco: «Si vosotros estáis hasta ahí de corrupción, imaginaos hasta dónde estoy yo».

Pero con independencia de que La Moncloa sea como el castillo del vampiro Vlad Tepes, ausente de espejos mal que le pese al presidente castellanoleonés Juan Vicente Herrera, muy interesado en aquella entrevista con Alsina en que Rajoy hiciera de madrastra de Blancanieves, el tránsito hacia un todavía hipotético 26-J va a mostrar al líder popular con el mismo cuaderno de allegados y nombres de confianza al frente del PP bajo el brazo, pero con algunas, quizás demasiadas, páginas arrancadas. Para el presidente en funciones la defensa de la sagrada presunción de inocencia ha tenido un coste político demasiado elevado y le ha obligado a situar en el plano de la inexistencia a todo un elenco de nombres que ha desembocado en el de José Manuel Soria, el todopoderoso referente del PP canario durante años, el ejemplo de acosado y absuelto en pasados casos de presuntas irregularidades, el «paladín de independencia» ante las eléctricas y grupos de comunicación, el hombre del núcleo duro con todo el recorrido político por delante. La última página arrancada. Ya no existe para Rajoy, eso es todo.

Otra cosa será lo que desde hoy mismo vamos a presenciar en clave parlamentaria teniendo en cuenta que el Congreso de los Diputados, con Gobierno en funciones y urnas a la vista, se ha convertido en la principal caja de resonancia preelectoral. A Rajoy le querían todos los grupos adversarios en la tribuna del hemiciclo desde el minuto uno para zurrarle hasta en el cielo de la boca –una de las razones por las que no se prestó al escarnio de una investidura fallida– y la dimisión de Soria, que no era un ministro más, ha vuelto a levantar la veda de caza por la pieza mayor. El ya ex responsable de Industria, sin mediar aun condena por ilegalidad, abandona por la responsabilidad política que conlleva haber mentido en delirantes versiones, pero los adversarios del PP no van a aflojar fácilmente la mandíbula. Rajoy nuevamente debe de estar pronunciando en sus adentros aquella memorable frase de Michael Corleone en «El padrino 3»: «¡Creía que estaba fuera, pero vuelven a involucrarme!»