Libros versus calle

Es curioso lo que uno encuentra en esas aulas que muchos insisten en no pisar. Lástima, porque si lo hicieran podrían comprobar algunas definiciones que el diccionario ofrece y que les ayudaría a entender qué narices están haciendo en la calle todo el santo día. Rebaño: conjunto de personas que se mueven gregariamente o se dejan dirigir en sus opiniones.

Ya sabemos que para lanzar huevos, gritar soflamas sobre el franquismo o quemar fotos y muñecos de determinados personajes, no se necesita tener muchos estudios. ¿Qué hacen unos quinceañeros protagonizando escenas semejantes, jaleados por los profesionales de la algarabía callejera, esos que parecen sacados más de un burdo casting televisivo y no de una asamblea seria?

Si uno se fija, los instigadores siempre son los mismos, aunque con diferente nombre. Casi todos se definen como organizaciones de izquierda, como el Sindicato de Estudiantes, al que le han cortado el grifo de la subvención y creo que por eso salen a la calle, más que por otra cosa.

Cuestión de control

Hay que estudiar mucho para vivir única y exclusivamente de las subvenciones públicas, y en España hay muchos que se están pegando la vida padre gracias a nuestros impuestos y al oportuno dedazo del político de turno. El día que alguien decida controlar las subvenciones, se acabarán muchos de nuestros males.

Viendo a estos estudiantes es fácil deducir que ni siquiera saben por lo que se manifiestan. Convendría que los estudiantes se preocuparan más de sus estudios y dejasen los sobres, la corrupción y el franquismo en manos de los jueces. Para vociferar servimos todos. Para estudiar se ve que no.