Los acuerdos imposibles

La Razón
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Estamos todos los días saturados de noticias políticas. Al final todos los periodistas, politólogos, tertulianos y opinadores en general llegan a la conclusión de que los actuales dirigentes políticos no saben o no quieren verdaderamente dialogar. La población esto ya lo sabía sin necesidad de que lo averiguaran los expertos; saben también que tienen el guión escrito de antemano, con lo que es imposible meter –lo que se llama en el argot teatral– ni una morcilla. Ya que todos hablan de tiempos nuevos, de lo que los españoles quieren –según lo votado–, diálogo y acuerdos. Ya que todos hablan en nombre del pueblo, que procuren evitar los contubernios, el secretismo y que nos enteremos de todo lo que hablan, al fin y al cabo son como los administradores de la finca llamada España.

Solo escuchamos grandes palabras. El «no es no» es lo más oído, algo que no parece lo mejor para para llegar a ningún acuerdo. Pero esta incapacidad que justamente achacamos a nuestros representantes políticos, a lo peor es algo consustancial con nuestro carácter. Solo habría que mirar los años que lleva pendiente la reforma de la Madrugada sevillana, que en el Consejo nunca se ha planteado el cambio total de domingo a domingo. Se trata de poner de acuerdo a seis hermandades y al final tendrá que imponerse una norma obligatoria, al menos para este año.

Me siento incapaz de entender si la reforma mejorará el tránsito de las cofradías, si dará más seguridad a procesiones y al público. No hay duda que se trata de realizar una estación de penitencia, pero también es un gran espectáculo que ven cientos de miles de personas desde las calles, los balcones o las sillas de la carrera oficial. Siéntate en la campana a las 12 de la noche, y las tres hermandades de ruan de un tirón, más de 5.ooo nazarenos, con el relente atacándote por los «costaos», el sueño nublándote la cabeza, ni un atisbo de música hasta pasadas las 4 de la mañana. No sé si mi cuerpo podrá superar la prueba.