Melancolía catalana

Que cuando España pisa el guarismo tabú de los seis millones de desempleados la votación virtual del Parlament sobre su soberanismo unilateral no provoca indignación sino mueve a la melancolía por los millones de catalanes, y hasta de catalanistas, que no padecen ninguna esquizofrenia instalados en una de las naciones más viejas de Europa (y antaño de las más poderosas que significaron la Historia) sin necesidad de recurrir al mito estevensoniano del doctor Jeckyll y Mr. Hyde. El simplicísimo religioso de Ormuz y Ariman; el pelagatos intelectual del bien y el mal como términos absolutos. Artur Mas y su tripulación son gafe, mofa, porque cada vez que hacen votar pierden territorio hasta la describilidad final. Cataluña no va a ser independiente porque unos voluntaristas lo digan, pero esta carrera hacia la más absoluta miseria ofrece matices agradables. CiU acabará perdiendo la i, y por primera vez en esta democracia Unió Democrática de Catalunya se presentará en solitario a unas elecciones para que comprobemos qué centroderecha representa. El Partido Socialista catalán habrá de devolver su matriz al PSOE y abandonar esa ficción de una dirigencia independentista sobre un obrerismo españolista. Los comunistas catalanes, que no saben si son verdes o rojos, habrán de abandonar el «sí pero no» y decidir qué quieren ser en esta «suquet de peix». Es innecesario que el Gobierno recurra ante el TC este Oficio de Tinieblas porque el derecho a decidir no permite restaurar la pena de muerte o reglamentar la clitoridomía. Como sentenciaba Rafael «El Gallo»: «lo que no pué ser, no pué ser, y además es imposible». También comentaba el torero ante la identificación de Ortega y Gasset como filósofo que «hay gente pa tó». Hay individuos como Artur Mas, autoconvencido de que está remodelando el mapa y la Historia de Europa cuando los únicos que están obteniendo créditos de su carácter visionario son los ganapanes de ERC, que no son tan cordiales como finge Oriol Junqueras. Parte de la Generalitat quiere tomar la Bastilla sin enterarse de que está en la Casa de los Canónigos.