Miedo a perder

Las distintas especies de animales marcan el territorio de manera instintiva. Existen diferentes modos, algunos visuales, utilizando fuertes coloraciones que pueden dar la voz de alarma o servir de reclamo en el apareamiento, otros auditivos, con fuertes sonidos y, finalmente, olfativos, que son los más comunes entre los mamíferos.

Sea cual sea el modus operandi, el objetivo es siempre el mismo, comunicarse con otros individuos de la especie, avisar cuando hay posibles presas que puedan ser depredadas o una alerta a aquel que se está adentrando en los dominios de un macho adulto.

En política también se marca el territorio. Una de las maneras más notorias es la elaboración de las candidaturas. Cuando dos líderes rivalizan por la hegemonía, gana el que consigue imponer los nombres en la lista.

La pugna puede no venir dada por discrepancias en la valía de los nombres, sino por las lealtades demostradas. Desde la calle Ferraz, da la sensación de que están dispuestos a demostrar quién manda en el PSOE.

Pero, bien mirado, también puede ser un gesto de debilidad. Obama nunca tuvo que demostrar que es negro, es evidente. Si Pedro Sánchez es líder indiscutido e indiscutible en el Partido Socialista, no es necesario tal despliegue de poder.

Otra cosa es que no se sienta tan seguro. Un castillo de naipes se desmorona con la misma rapidez con la que se disuelve un azucarillo en agua. Aún le duelen al líder socialista las heridas de cuando dimitió en aquél Comité Federal en el que se quedó en minoría.

Estar en minoría es lo que más asusta a un dirigente porque representa la pérdida de liderazgo y de poder. Por eso, Sánchez tuvo especial cuidado en que el actual Comité Federal nunca le dé la espalda, ocurra lo que ocurra.

Tampoco el grupo parlamentario le respaldó cuando dimitió, se evaporó esa presunta mayoría y ha llegado el momento de afianzarlo también. Además, se podría aprovechar la coyuntura para ejemplarizar con aquellos que se significaron en exceso.

No es venganza ni nada similar, es pedagogía con los dirigentes del partido. Por otra parte, no es nada nuevo en la historia, ya en el siglo XV, Maquiavelo estableció la manera en que debería conquistarse y asentarse en el poder cuando escribió “A los hombres se les ha de ganar o aplastar...De tal suerte, que el agravio que se haga a un hombre debe ser de tal envergadura que no haya lugar a temer su venganza”.

Ciertamente no es un método educativo escandinavo ni tampoco inclusivo, pero hay que reconocer que sí muy eficaz. Hay quien reprocha que no haya más sutileza en los argumentos que visten estas acciones. Así por ejemplo, desde Ferraz se defiende que las listas que han votado los militantes andaluces deben ser “retocadas” porque no expresan la voluntad real de los afiliados.

Desde la cúpula se ha hecho saber que, según su punto de vista, la participación ha sido muy baja, algo más del 30%, y eso ha sido interpretado por el sanedrín de la cuarta planta como una desautorización de las bases a las candidaturas aprobadas.

En Madrid se quejan sin motivo alguno, porque aunque a Pepu Hernández le ha apoyado solo el 31,89% de los afiliados que estaban llamados a votar, la dirección, con su enorme sabiduría interpretativa lo ha considerado como realmente es, un refrendo contundente a la propuesta del líder.

Lo malo de marcar el territorio es que cuando se hace con señales olfativas suele desprender mal olor. Por ejemplo, los gatos lo hacen con una mezcla de orina y sustancias aceitosas de origen rectal.