Mirar para otro lado

Cándido Méndez no puede seguir mirando para otro lado cuando está sentado sobre un barril de pólvora. El presunto fraude de los cursos de formación y la implicación, también presunta, de la UGT de Andalucía en el caso de los ERE fraudulentos le han colocado en una situación imposible. El caso de la cooperativa PSV que le costó el cargo a Nicolás Redondo es una pura anécdota frente a las cantidades que se barajan en los dos casos que nos ocupan. La UGT, el sindicato hermano del PSOE, se ha convertido en un problema añadido para la renovación de un socialismo que lleva años perdiendo credibilidad a chorros al mismo ritmo que se desdibuja ideológicamente. El nuevo secretario general que salga, primero de la votación directa de la militancia y después del congreso extraordinario de finales de mes, tiene ante sí el reto de llenar de contenido unas siglas que corren el riesgo cierto de quedarse sin programa y sin coherencia ideológica. Mientras Madina se declara heredero de ZP, Sánchez no termina de dibujar lo que quiere que sea el partido si él llega a mandar en Ferraz. En cualquier caso ni el uno ni el otro podrán tampoco mirar hacia otro lado ante el proceso de descomposición que está viviendo el socialismo desde que perdió el poder en noviembre de 2011. En Cataluña, granero de votos que le dieron en el 2004 y 2008 las dos mayorías a Zapatero, el PSC se escinde y las encuestas le auguran que puede convertirse en la cuarta fuerza política. En Andalucía Susana Díaz mantiene el tipo pero si el barril de pólvora sobre el que se sienta Méndez termina estallando, la onda expansiva afectará muy seriamente a las posibilidades electorales de la lideresa. Sin Cataluña y con Andalucía convertida en una bomba de tiempo, quien asuma el liderazgo del PSOE tendrá que optar por echarse al monte en compañía de IU y Podemos, u ofrecer una alternativa seria, nacional y centrada.