No es de recibo

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Están a punto de caer las caretas y de terminar el baile de máscaras. El reloj se ha puesto hoy en marcha. Se acerca el desenlace de la mascarada de Cataluña. Tratándose del mayor ataque al orden constitucional en España desde el comienzo de la democracia –más grave que el golpe cuartelero del 23-F–, hay cosas que no son de recibo.

No es de recibo que los golpistas catalanes monten una Agencia Tributaria propia y estén gastando los cuartos a chorros en la preparación del referendum ilegal sin que se les haya cortado ya en seco el grifo, como hizo Canadá con Quebec, demostrando que es la fórmula más efectiva para acabar con el desvarío. No es de recibo que, a estas alturas, no se sepa aún dónde están las urnas y no estén precintadas y decomisadas como prueba del delito. ¿O será que, en esta farsa, no hay urnas ni censo ni presupuesto y lo que se está pretendiendo es un no-referendum para provocar la insurrección popular en torno al 11-S y un próximo éxito electoral de los soberanistas? No es de recibo que sigan libres, y tan campantes, los golpistas. No es de recibo que los ciudadanos de Cataluña no hayan tenido ocasión de elegir al actual presidente de la Generalitat colocado ahí a dedo, y que éste defienda con entusiasmo el derecho a decidir de los catalanes. Y mucho menos parece de recibo que quiera cargarse la Constitución y el Estatuto de los que depende su cargo. Sin ellos, no es nadie. No es de recibo la “conversión” soberanista de Colau e Iglesias, que confunden el culo con las témporas. El dirigente de Podemos defiende el derecho a decidir de los catalanes, pero impide que lo hagan los afiliados de su partido y la comisión de garantías de su propia formación.

La errática actitud de Pablo Iglesias ante la crisis de Cataluña y su talante autoritario lo desacreditan y reducen su proyección política nacional. No es de recibo, por inoportuno, contraproducente y vacío de contenido, plantear ahora en el momento más crítico de la crisis catalana la puesta en marcha de una comisión parlamentaria para el cambio constitucional del modelo autonómico. Tiempo habrá. En fin, no es de recibo, ante el tremendo desafío y la ostensible siembra de odio, la cobardía moral de la Iglesia catalana, la burguesía, y una parte considerable de los intelectuales y los medios de comunicación. Como dice Montaigne, la cobardía es la madre de la crueldad.