Pactos de Estado

El pacto contra el terrorismo yihadista firmado por el PSOE y el Gobierno del PP viene a demostrar que existe una voluntad de trabajar juntos en un asunto fundamental. También contribuye a reforzar la autoridad del Estado, dentro y fuera de nuestras fronteras. (Es de esperar que el pacto se respete, claro está.)

En cuanto a la situación general, un pacto como este deja claro que los partidos políticos son capaces de apartar del terreno partidista asuntos a los que se concede una especial importancia. En otros países se les llamaría cuestiones nacionales. El adjetivo es, por el momento, lo de menos. Lo importante es que se reconoce que ciertas cuestiones requieren un enfoque y un acuerdo más amplios.

El desprestigio de la política en nuestro país viene, entre otros motivos, de la politización de muchos aspectos de la vida y del partidismo en el que llevamos viviendo demasiado tiempo. Les ha tomado tiempo, pero los españoles han llegado a la convicción de que los intereses partidistas y las lealtades personales priman siempre –siempre– sobre el interés general, sobre el bien común, sobre el mérito. Esta convicción es devastadora. Un pacto de Estado como el que acaban de firmar PP y PSOE indica que la acción contra el terrorismo yihadista queda sustraída de la política partidista. Y eso, justamente, es lo que anda pidiendo la ciudadanía española casi a voz en grito, unas veces mediante la abstención, otras mediante la intención declarada de votar a otras organizaciones. Es seguro que si los dos grandes partidos fueran capaces de alcanzar acuerdos de Estado, es decir, nacionales, sobre asuntos que los españoles saben que son esenciales (la educación, las pensiones, la función pública), esos dos partidos empezarían a recuperar la confianza perdida.