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PP y PSOE tienen que recuperar la iniciativa

  • PP y PSOE tienen que recuperar la iniciativa

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09 de noviembre de 2014. 04:53h

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Francisco Marhuenda 2/11/2014

Todo el mundo habla de la corrupción. Tras los escándalos que se produjeron en los años ochenta y noventa esperábamos que hubieran servido para adoptar medidas eficaces y desincentivar a los corruptos. No ha sido así. En aquellos años también se produjeron sucesos escandalosos que compartían protagonismo en las portadas junto a los atentados y secuestros de la banda criminal ETA y los asesinatos de los GAL. Era descorazonador, pero la sociedad española seguía avanzando en la senda del progreso y los políticos mantenían su prestigio. Ahora todo ha cambiado. La brutal crisis económica que hemos vivido desde 2008, la más grave desde la posguerra, ha sensibilizado, afortunadamente, a los españoles, que muestran un rechazo unánime a esta colección de golfos que se han aprovechado de sus cargos para ser unos vulgares delincuentes. Es triste, además, porque han ocupado responsabilidades políticas importantes y pertenecen a diversos partidos, sindicatos, clases sociales y profesiones. Es cierto que es un golpe muy duro para la credibilidad de lo que se denomina el sistema, pero la realidad es que siguen siendo una minoría. Los escándalos se concentran en el ámbito municipal y autonómico, en los partidos así como en unas cajas de ahorro que estaban gestionadas sin criterios de eficacia y sometidas a los intereses políticos. No ha sucedido, en cambio, en los bancos privados porque son ajenos a cualquier interés que no sea la gestión profesional y eficiente. No es una casualidad que nuestro sistema financiero sea uno de los mejores del mundo.

No ha sucedido nada en el ámbito de la Administración General del Estado gracias a la existencia de un sistema de controles que impide cualquier margen para la arbitrariedad o el amiguismo. Las normas legales y el sistema de cuerpos nacionales, lo que se conoce como los altos funcionarios del Estado, que encontramos en los ministerios, organismos autónomos y empresas públicas garantizan la eficiencia y la transparencia. No quiero centrarme en el periodo actual, con el Gobierno de Rajoy, sino también en los tiempos de Aznar y Zapatero. La ausencia de corrupción muestra que el control es la respuesta para impedir que se produzcan actuaciones como las que hemos vivido. Hay que trasladar esos mecanismos y criterios a las administraciones autonómicas y locales así como a los partidos.

Las europeas fueron un importante y decisivo toque de atención para las formaciones tradicionales. Contra todo pronóstico, la formación Podemos consiguió un gran resultado y su líder, Pablo Iglesias, se ha convertido indudablemente en un referente político de primer orden. Las encuestas reflejan un ascenso muy importante que no se puede minimizar. Estamos ante una reconversión de los principios marxistas adaptados al siglo XXI, con mensajes directos y convincentes, aunque los riesgos para España, uno de los países más avanzados del mundo, son muy grandes. No es el socialismo de la chaqueta de pana de los setenta, sino un grupo con ideas revolucionarias que carece de un plan económico realista. No es el socialismo que transitó hacia la socialdemocracia. No se trata de caer en los tópicos descalificadores de tildarlos de bolivarianos o chavistas, sino de analizar con seriedad y rigor unas posiciones efectistas pero que nos alejarían de la Unión Europea y las políticas que, con sus errores y aciertos, nos sacaron de la postración social y económica de los setenta para pasar al crecimiento y el desarrollo del periodo de los ochenta hasta nuestros días. Estamos ante recetas viejas e ineficaces con nuevas etiquetas y un envoltorio atractivo para una sociedad que lo ha pasado muy mal por la crisis y que está indignada, además, ante la corrupción. Es inquietante que ahora que estamos en un proceso de recuperación y crecimiento –es cierto que hay sombras que proyectan algunos países de la UE que no han hecho reformas– que se puede poner en peligro por el ascenso de Podemos. Las municipales y autonómicas pueden dar lugar a un escenario donde esta formación tenga un papel determinante en muchas alcaldías y comunidades. La economía planificada y la ingeniería social han dado resultados catastróficos en todos los países del mundo donde se han aplicado. No hay un solo caso de éxito que justifique que España tenga que ser sometida a un experimento de estas características. PP y PSOE deben recuperar la iniciativa y emprender medidas de regeneración que les permita recuperar la credibilidad. Es más fácil decirlo, pero el éxito de Podemos no es culpa de los «mensajeros», sino de los errores de ambos partidos y de la corrupción.

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