Prensa y mentiras

El PP meterá la pata si se querella contra el periódico que ha publicado la supuesta contabilidad de Luis Bárcenas, por más que esas informaciones sean lesivas para su imagen y honorabilidad. Es cierto que los medios de comunicación no gozan de patente de corso y que tienen la grave responsabilidad de verificar razonablemente todo cuanto publican, pero una vez cumplida tal exigencia merecen el más escrupuloso de los respetos. Como es natural, aún no ha nacido el periodista ni la empresa periodística inmune a la intoxicación y el engaño. Recientemente, la profesión ha asistido atónita a dos episodios muy ilustrativos de su vulnerabilidad frente a embaucadores y timadores: la publicación de un falso informe policial sobre cuentas bancarias de Artur Mas en Suiza y el patinazo de la «foto» de Hugo Chávez. Mañana, puede ser otro medio el que, sorprendido en su buena fe, caiga en la trampa. De hecho, las últimas revelaciones del caso Bárcenas apuntan a que las anotaciones del ex tesorero del PP serían una burda manipulación en la que se mezclan unos pocos datos reales en medio de una contabilidad delirante de donaciones y pagos ficticios. No hay motivo para dudar del periódico, pero tampoco para descartar otra estafa. Les corresponde al fiscal y al juez investigar con toda celeridad y a fondo este sórdido escándalo, pero, al mismo tiempo, es deber del diario poner las cartas boca arriba y, sin traicionar el secreto profesional, explicar por qué publicó como auténticos unos papeles repudiados por su supuesto autor. Hay un baile siniestro de sospechas y mentiras que no sólo arrastra a los políticos: en su frenesí también ha puesto bajo sospecha a una Prensa que no atraviesa su mejor momento económico ni profesional, acuciada por miles de despidos y por una abrumadora pérdida de difusión.