¿Qué busca Mas?

Kilos de billetes de 500 euros y de cualquier otra cantidad, escrituras de propiedad de inmuebles, barcos, chalés y demás suntuosidades, así como claves de cuentas corrientes en bancos nacionales y extranjeros, incluidos paraísos fiscales... Todo eso lo imaginaba ayer como equipaje con el que el presidente catalán, Artur Mas, llegaba hoy a la «Comisión para luchar contra la corrupción», por él convocada, con la decisión firme de reintegrarlo a las maltrechas arcas de su Comunidad. Sería el gran paso para demostrar la voluntad firme de acabar con esa lacra del entramado nacional. Incluso nos olvidaríamos de los culpables.

No nos escandalicemos. No exagero si damos por buenas las informaciones al respecto y, sobre todo, aquellas palabras del entonces presidente, Pasqual Maragall –«su problema es el tres por ciento de las adjudicaciones durante 25 años»– que dirigió al jefe de la oposición, a la sazón Artur Mas, y que quedó en anécdota ante la amenaza de no apoyar la reforma del Estatuto. Si a ese cuarto de siglo añadimos otras turbulencias acaecidas en la estructura de aquella Administración, la cosa da para eso y para mucho más.

Acompañado de una declaración pública de perdón, Mas comenzaría a tener credibilidad sobre objetivo tan excelso. Le aplaudirían los catalanes y, estoy seguro, toda España, y obligaría a desnudarse al resto de formaciones y sumarse a ese especie de catarsis, de la que quizás tan necesitados estamos. Ya se sabe «hay que serlo y parecerlo». Puede que hasta recuperara los electores que le abandonaron.

Con actitud tan mirífica ni siquiera necesitaría gastar recursos para tamaña cumbre. Hasta le sobrarían los comparsas institucionales que hoy le asisten. Si no es así, debe explicar qué pretende. Así es la vida.