¿Qué España pretende?

Nos lo dijo Jordi Casas al senador Pedro Agramunt y a mí durante la cena que compartimos tras la fiesta del XV aniversario de nuestro periódico, allá por el 4 de noviembre del pasado año: «Si Artur Mas sigue con su deriva, con la convocatoria ilegal de la consulta y demás, Unió Democratica de Catalunya romperá con Convergéncia». He de reconocer que lo recibí con escepticismo, esencialmente por la nebulosa que siempre ha distinguido la brillantez del líder de UDC, Josep Antoni Duran Lleida. Ayer mismo, afirmó que nunca dejará su partido y, a la vez, que impulsará un movimiento político «para devolver Cataluña a la centralidad». ¿Qué pretende exactamente? ¿reconducir a Cataluña hacia España?. ¡Ojalá!

Simultáneamente, afirmó su apuesta por la «economía del bien común» y por que se reconozca «la personalidad nacional de Cataluña desde un modelo de confederación». Lo primero puede entenderse desde su perspectiva cristiana y tras visitar un comedor social hace unos días, más aún cuando el bien común ha sido la gran meta a lograr por todos los pensadores de la historia, desde Sócrates, Aristóteles, Platón y Santo Tomás, que nos legaron auténticos tratados sobre ello, hasta Hegel o Marx, objetivos y medios bien diferentes.

Lo segundo, sin embargo, incita más a la confusión. ¿Se trata del Estado Federal? ¿esa monserga que ha entrado a los diferentes partidos, con énfasis peculiar en el novensano Pedro Sánchez, pero que nadie explica detalladamente cuál es el modelo?. La única aclaración al respecto lo protagonizan quienes ansían se el cambio de monarquía por república ¿incluye el derecho a decidir cuando venga bien?

Dicho esto, está clara la convulsión en la formación de Artur Mas, para él y CiU, en la que la espantá de Duran ha quedado empequeñecida ante la bomba de los delitos, presuntos y confesados, de Jordi Pujol y su familia, cuya imagen se ha derrumbado hasta las cloacas y cuyas consecuencias, como se dice habitualmente, son impredecibles. Así es la vida.