Quien ama no mata

El nombre de una telenovela brasileña de los años ochenta era «quien ama no mata», esta expresión quizá un poco manida refleja una realidad incontestable, si amásemos más, si amásemos de verdad, no mataríamos. Esa distorsión del amor que lleva lo que es generosidad al egoísmo, lo que es renuncia a la avaricia y lo que es sacrificio a la pura cosificación de un semejante, es una enfermedad social que hay que combatir sin tregua. El amor no es concebible como una forma de esclavitud para otros seres humanos, el amor parte de la libertad del otro y sólo desde esa libertad del reconocimiento de su humanidad y de su individualidad tiene mérito y valor su entrega. Sólo desde la libertad podemos ser amados, cualquier otra cosa será temor atávico o sometimiento, que es el escalón más bajo de cualquier vinculación entre seres humanos, pero no amor.

Hanae y Mustafá han sido asesinados hoy en un pueblo madrileño, en Villarejo de Salvanés y no lo han sido por amor. Lo de Hanae y Mustafá ha sido la acción de un alma indigna y cobarde. La indignidad de aquellos que prefieren ejercer de carceleros antes que de amantes.

Como sociedad tenemos la obligación de acabar con esta lacra silenciosa, no podemos descansar mientras nuestras mujeres mueran a manos de sus parejas por el más básico ejercicio de su libertad, el hecho elegir con quien quieren compartir sus vida y el camino más corto es descubrir la verdadera naturaleza del amor.