¿Quo vadis, Ciudadanos?

La Razón
La RazónLa Razón

El triunfo indiscutible en las recientes elecciones catalanas –de casi nada a segunda fuerza– y el espectáculo de un Podemos que se desinfla por días sumados al estancamiento de los dos principales partidos parecen confirmar la tesis de que Ciudadanos será el árbitro para la formación de gobierno tras las próximas elecciones. La cuestión, obviamente, es hacia dónde inclinará el partido naranja en esa tesitura. Para muchos, semejante eventualidad implicará la continuación en el poder del PP siquiera como parte de un gabinete de coalición. Debo decir que semejante eventualidad, sin ser del todo imposible, resulta poco probable. Sé que no pocos votantes se empeñan en ello y que incluso existen medios ubicados a la derecha que insisten en afirmar lo mismo cada lunes y cada martes, pero Ciudadanos no es un partido de centro-derecha. A decir verdad, en su misma página web se ha definido siempre como una formación de centro-izquierda. Por razón natural, esa circunstancia debería inclinarlo más a forjar un pacto con el PSOE que con el PP. Por razón natural y por otras causas. Ciudadanos ha presentado una oposición gallarda y sólida frente al nacionalismo catalán que hubiera sido de desear en el PSOE y el PP. Incluso se ha atrevido – siguiendo las instrucciones que se le han dado infructuosamente una y otra vez al presente Gobierno– a solicitar el final de los conciertos vasco y navarro. Sin embargo, fuera de la cuestión de los nacionalismos, Ciudadanos parece presa de una indefinición inquietante. Sus propuestas no son todo lo claras que sería de desear y en lo que se refiere a sus afiliados proceden de campos tan diversos –la izquierda, el liberalismo, el regionalismo aragonés...– que no resulta fácil pronosticar por dónde podría discurrir todo. Arrancando de esos mimbres, es mucho más fácil que Ciudadanos haga un cesto con el PSOE que con el PP. En primer lugar, no oculta su falta de disposición a pactar con un Rajoy al que considera impregnado de olor a cadaverina; en segundo, está forzado a dar la sensación de cambio y renovación –no de continuidad – respecto de la política de los últimos años; finalmente, en Andalucía está demostrando que puede hacerlo sin demasiados escrúpulos. Quizá sin Rajoy, quizá con pactos que satisfagan en extremo a sus votantes, quizá si el PSOE se empeña en seguir la deriva catalana de los últimos años, Ciudadanos podría pactar con el PP, pero fuera de ese contexto, lo más posible es que gobierne con los socialistas.