Ramos yerra

Se ha levantado la veda. Ya se puede hablar de las relaciones entre Florentino Pérez y Sergio Ramos. La situación del jugador es tan inestable que ya se cuentan incluso las veces que ha sido expulsado. No se ha privado de ello en los tres campeonatos en que participa anualmente el Real Madrid. También se puede reproducir el reproche que le hizo Ancelotti cuando fue expulsado frente al Galatasaray. Está equivocado el jugador si cree que por formar tándem espiritual y reivindicativo con Casillas va a contar con el apoyo que se otorga a éste. Al portero se le defendió porque nadie pensó que se le castigara por otra razón que no fuera la animadversión del ínclito José Mourinho. Y, ahora, sigue en el banquillo.

Se equivoca Sergio. El presidente del Madrid no es dirigente al uso. Retarle es grave error. Le importa poco desprenderse de un jugador si con ello recupera mando y tranquilidad en el vestuario. Traspasar a Casillas requeriría jugar con fuego. Vender a Ramos, si llegara el caso de que alguien acudiera con la guita en la mano, no precisaría grandes reflexiones. Ahora, ya puede leer y oír que deja al equipo en inferioridad con demasiada frecuencia, que los delanteros le ganan la espalda, como censuró el entrenador, y aunque esté considerado como uno de los mejores centrales del mundo podría pasar al banquillo si Varane se recuperara. Ancelotti ya lo colocó de centrocampista en el Camp Nou y le hizo jugar de lateral. Son avisos de que es prescindible. No será fácil llegar al Bernabéu con 65 millones en mano.

Posdata. Ancelotti cotiza al alza.